Comienza la primavera de este 2016, tiempo en el que se conmemora el comienzo de la Guerra de Irak.  Los norteamericanos y sus más fieles aliados decidieron invadir un país soberano con excusas ante la opinión pública que nunca se han demostrado: efectivamente, ni se encontraron armas de destrucción masiva, ni se probaron los lazos entre Al Qaeda y el régimen de Sadam  Husein. Había otra razón que también argumentaron los defensores de la invasión: la expansión de la democracia como garante del progreso y de la paz.

Habría que preguntarse qué se ha conseguido en Irak con bombardeos e invasiones, si verdaderamente, tanto ese país como toda la región, han conseguido mayores cuotas de estabilidad, seguridad, desarrollo y democracia que tenían antes del comienzo de la guerra en marzo de 2003. Habría que preguntarse por la eficacia de la denominada  “guerra el terror”.conflicto-de-irak-10-638

Después de los atentados de Nueva York y Washington en septiembre de 2001 (11-S), Estados Unidos decidió iniciar una nueva era de actuaciones militares contra los que se consideraron agresores, sin tener en cuenta de que se trataba de un atentado terrorista, pero no de combatir un enemigo tradicional desde el punto de vista militar. Primero Afganistán y luego Irak fueron el resultado del uso del poder fuerte después del 11-S.

De las invasiones de Afganistán e Irak, y de las posteriores gestiones de las mismas, hay muchas lecciones que aprender. Tampoco conviene olvidar las actuaciones de los Estados Unidos y sus aliados en Libia para derrocar a Gadafi y en Siria para intentar hacer lo mismo con Al  Asad. ¿Ha disminuido el terrorismo? ¿Hay más estabilidad en Oriente Medio, Norte de África y África Subsahariana?

Gran parte de la doctrina que ha conducido a las invasiones y guerras mencionadas se extrae de los ideólogos llamados neoconservadores,  neocon. Por eso, en este artículo se trata de recordar esa forma de entender la política y las relaciones internacionales. Son muy pocos los analistas y dirigentes políticos que aún defiende la invasión de Irak y la denominada guerra al terror, por eso conviene recordar en que se fundamentan ideológicamente. Por eso, y porque ¿se podría repetir la historia?neocon_gallery

LOS NEOCON[1]

A principios del año 2000, Condoleezza Rice, entonces consejera en asuntos de política exterior del candidato presidencial George W. Bush, escribía en Foreign Affairs que “los Estados Unidos y sus aliados estaban en el lado correcto de la historia”. Textualmente decía: “American values are universal” (los valores americanos son universales). El documento criticaba la política exterior del presidente Bill Clinton y dejaba a la vista algunos principios que serían fundamentales durante el mandato Bush. Proponía que el presidente elegido debería reformar las estructuras militares heredadas de la Guerra Fría para adaptarlas con las nuevas tecnologías y configurar unas fuerzas armadas más letales, móviles y flexibles, con una gran capacidad y precisión de destrucción desde largas distancias. En resumen, recurrir a las “armas inteligentes” mencionadas en la Revolución de los Asuntos Militares. También hacía un adelanto del “eje del mal”, al señalar como poderes militares hostiles emergentes a Irak, Irán y Corea del Norte.

En octubre de 2002, Condoleezza Rice, ya asesora del presidente Bush en asuntos de seguridad nacional, en una conferencia titulada “Un equilibrio que favorezca a la Libertad”, aprovechaba los acontecimientos del 11-S para reafirmarse en sus anteriores convicciones y anunciar la “guerra preventiva”. Además, volvía a hacer hincapié en la necesidad del rearme tanto de Estados Unidos como de sus aliados europeos y zanjaba la discusión entre realistas e idealistas, después, insistía en el argumento de la universalidad de los valores americanos.

En el verano de 2002, Robert Kagan defendía el unilateralismo americano a las puertas de la invasión de Irak, en un artículo titulado Power and Weaknes. Kagan afirmaba que EE.UU. seguía la política realista de Hobbes y Europa la idealista de Kant; Marte y Venus, respectivamente. Argumentaba que es la debilidad de Europa la que la lleva a no usar la fuerza, que es esa debilidad la que la hace flexible y multilateralista. Sostenía que, aunque los americanos son tan respetuosos con las libertades y con la ley como lo son los europeos, se ven obligados a actuar unilateralmente con la fuerza porque difieren en la evaluación de las amenazas, por ejemplo, los europeos consideran que es peor derrocar a Sadam Husseim que dejarlo, argumentaba también. Criticaba a los europeos porque habían adoptado estrategias de diálogo y tolerancia no muy acordes con su propia historia plena de conflictos.

La creencia en la universalidad de los valores americanos y de que su sistema democrático debe ser exportable constituye el fundamentalismo de esta ideología llamada neocon. Ideológicamente representan la continuación de las ideas de Fukuyama (plasmadas en su libro El fin de la historia y del último hombre), y las más lejanas de la Paz Perpetua de Kant, de que las naciones democráticas no luchan entre sí. Los neocon, con la excusa del bien supremo de la exportación de la democracia, aumentan los presupuestos militares para luchar contra los enemigos de los valores democráticos: la proliferación, el terrorismo y los Estados canallas (aquellos que no respetan la legalidad internacional). Los orígenes de los neocon se remontan a la época de Ronald Reagan que ya tuvo su particular lucha contra el “imperio del mal”. Durante la presidencia de Bush (padre) los neocon fueron críticos con la decisión de no invadir Irak tras la liberación de Kuwait, fueron especialmente duros contra la Administración Clinton.

En la ideología neocon confluyen dos fenómenos fundamentales: su anticomunismo radical y su liberalismo económico. Los dos se sustentan en su “arraigado sentido de estar en posesión de la verdad y su agresiva militancia”. La ideología conservadora que comparten con los realistas en muchos aspectos de la política internacional, sobre todo en las relaciones de poder, es mucho más militarista y moralista.

Los neocon lo componían un grupo de personas con altas responsabilidades dentro de la Administración de G. W. Bush, la mayoría de ellos importantes en medios de comunicación y centros de investigación con gran influencia política, ligados entre ellos por lazos familiares y con una confesionalidad religiosa activista. Aunque comparten muchos aspectos con los conservadores se distinguen de estos por tener un patriotismo más militante y un internacionalismo agresivo, además de un rechazo frontal del relativismo.

La ideología neocon, como cualquier fundamentalismo, utiliza la emotividad para llegar al corazón de los individuos para lo que se vale de las modernas técnicas de comunicación y de la industria del entretenimiento. La historia de la humanidad está llena de “grandes historias” que, sostenidas a través de los siglos sin ninguna base científica, se han convertido en motores de movimientos sociales capaces de transformar el comportamiento de los seres humanos.

El fundamentalismo también se vale de algo tan poco racional como es la arrogancia, el considerarse en posesión de la verdad y por lo tanto superior a “los otros”. El siguiente paso es la intolerancia y la falta de respeto a los que no pertenecen al “nosotros”. El enemigo principal del fundamentalismo es la educación racional, el aliado más importante el adoctrinamiento, que es la educación subjetivada, la enseñanza de lo que conviene y del modo que interesa.

Las ideologías fundamentalistas penetran en los individuos del mundo globalizado a través de las pequeñas pantallas de los ordenadores, los televisores o los teléfonos móviles. Una desinformación intencionada que provoca el alienamiento.

Los fundamentalistas democráticos neocon olvidan que la democracia se basa en el pensamiento racional que distingue a los individuos de otras especies vivientes y mediante el cual se es capaz de comprender, tolerar y respetar. El instrumento para convencer es el diálogo entre iguales y no la arenga de superior a inferior.

Para que una determinada creencia o ideología pueda extenderse es necesario encontrar otra a la que enfrentarse. Los ideólogos del pensamiento neocon, educados durante la Guerra Fría, en la que “el imperio del mal” era todo lo que representaba el comunismo ateo, perdieron su “antirreferencia” con la disolución del imperio soviético y la “humillación” de la doctrina comunista, así que sin olvidar sus orígenes ―el anticomunismo es siempre una constante― buscaron nuevos “peligros”.

En 1997, Kristol y Kagan fundaron el Project for a New American Century (PNAC) que era la “encarnación” del Committee on the Present Danger (Comité del Peligro Presente) fundado en 1959 para hacer campaña en la lucha contra el comunismo. Este documento reapareció en 1976 para apoyar el aumento de los gastos de defensa para contrarrestar la amenaza soviética. En 2004, vuelve a aparecer con la finalidad de “proteger y extender la democracia mediante la victoria en la guerra global contra el terrorismo y los movimientos e ideologías que los dirigen”.

En la década de los cincuenta, el Comité del Peligro Presente alertaba sobre la amenaza soviética, en los setenta, volvía a la carga con el mismo motivo y, a principios del siglo XXI, señalaba cómo “objetivo crucial la elaboración de un credo democrático que sirviera de apoyo a los disidentes de las tiranías, y a los nuevos creyentes en la libertad».

La declaración de principios de PNAC se fundamentaba en la política de Reagan, que contenía dosis de fundamentalismo moral y militar. Los principios básicos eran: el aumento del gasto militar, el fortalecimiento de los lazos con las democracias, la lucha contra los regímenes hostiles, la promoción de la democracia y la libertad económica, y la responsabilidad de aceptar el liderazgo moral, económico y militar de los Estados Unidos.

 Los neocons son conservadores, pero en vez de seguir las líneas del conservadurismo aislacionista de emplear el poder militar únicamente en caso de agresión o amenaza directa, proponen el empleo del poder militar para configurar un orden mundial con el modelo de los valores americanos, mientras que los realistas adoptan una posición de defensa dependiendo de las circunstancias; los neocons utilizan la ideología para predicar la prevención y la “evangelización” mediante el empleo de la fuerza. Kagan lo reafirma y dice que los Estados Unidos no pueden permitirse adoptar una postura aislacionista o desentendida porque la Historia demuestra que esas posiciones causan mayor desastre que la intervención con el poder y los valores.

Los neoconservadores defienden el orden basado en la jerarquía, la tradición y la visión hobbesiana. Quieren imponer un bien absoluto universal basado una visión religiosa y en una concepción ultraliberal de las relaciones socioeconómicas.

[1] Resumen del contenido del capítulo 1 del libro de este autor titulado Del Choque a la Alianza de Civilizaciones (Icaria, 2010)

Javier Jiménez Olmos

21 de marzo de 2016

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