Hay momentos en los que es imposible rectificar, cuando decisiones no tomadas a tiempo o inapropiadas pueden costar sufrimiento o vidas humanas, pueden conducir a situaciones catastróficas o pueden evitarlas. Los líderes para abordar estas emergencias necesitan de una preparación especial. Toda aquella persona que está al frente de organizaciones o instituciones cuyas decisiones son tan cruciales en un momento de la vida, deberían haber estado sometidos a unos procesos de selección, evaluación, educación y formación permanentes.

Lo que a veces parece imposible se puede conseguir y se consigue: cambiar el desastre al que puede llevar una situación límite mediante la toma de decisiones adecuadas. Pero este liderazgo capaz de resolver situaciones extremas no es fruto del carisma personal, ni de las dotes de mando, ni de la suerte, ni del valor, ni de la voluntad de salir airoso. Sin restar importancia a las cualidades personales del líder hay otras condiciones que son necesarias para esos momentos críticos.

1 Formación

Todas las actividades de la vida, hasta las más intrascendentes, necesitan un periodo de formación para poder llevarlas a cabo con eficacia y seguridad, no digamos aquellas en las que están en juego la vida de las personas. Se trata de alcanzar unos niveles máximos de conocimientos técnicos para poder resolver cualquier problema que pueda surgir.

Pero, ¿es eso suficiente? Definitivamente no. La formación específica de cada profesión con una metodología racional para su aprendizaje y desempeño es condición necesaria, pero no suficiente. Hay un espectro emocional muy importante a resolver en situaciones límite, y para ello también hay que estar formado. El líder de un equipo no sólo se va a limitar a que se ejecuten unos protocolos o procedimientos según las normas establecidas. El líder debe ser capaz de gestionar las emociones, de influir en el comportamiento de los demás.

2 Planificación

La suerte y la improvisación suelen ser malas compañeras de la eficacia. Desde luego, hay veces en la vida en las que las circunstancias no se pueden controlar, pero, aun así, las personas formadas para liderar equipos en situaciones de emergencia no confían en la improvisación. Bien es cierto que en ocasiones no todo se ajusta a los planes previstos, sin embargo, cuantas más posibilidades se hayan contemplado mayor será el éxito si en algún momento hay que desviarse de lo previsto. Improvisa mejor quien mejor planifica.

Todos los profesionales acostumbrados a trabajar en situaciones límite saben muy bien la importancia de la planificación del trabajo. La planificación llega a límites en los que el líder ni tan siquiera debe dar órdenes porque todo el mundo sabe lo que debe hacer. El líder solo actúa en caso de que las circunstancias obliguen a tomar determinadas acciones no previstas en el plan. Acciones que serán siempre dentro de la lógica establecida en la planificación inicial, que sí habrá contemplado todas las posibles eventualidades.

3 Entrenamiento

El líder y su equipo pueden estar perfectamente formados para abordar situaciones límite, personas cuyas capacidades profesionales y emocionales sean las adecuadas para poder afrontar momentos críticos, para tomar decisiones drásticas, incluso definitivas. El líder y su equipo pueden haber planeado una actuación límite a la perfección, con precisión de cualquier eventualidad, teniendo en cuenta hasta la más mínima variación, pero de nada sirve todo esto si no son capaces de ejecutar las acciones con total perfección, y para eso se necesita entrenamiento.

Ni los líderes ni el equipo son eficaces para resolver situaciones límite si no están seguros de que van a poder resolverlas con precisión. El entrenamiento no sólo proporciona habilidad, sino también seguridad.

El entrenamiento es una labor que conjuga el desarrollo de las habilidades técnicas y las emocionales, proporciona al líder el conocimiento de su equipo, sus reacciones ante la adversidad y lo imprevisto, su capacidad de sufrimiento y abnegación, su lealtad y su compromiso con la resolución de la situación límite que afrontan.

4 Comunicación

Siguiendo el camino marcado para destacar las condiciones para ejercer un liderazgo eficaz se ha explicado que la formación es la primera premisa, luego la planificación y a continuación el entrenamiento. Las tres son fundamentales, pero para lograr que un líder sea capaz de actuar como tal en los momentos límite se necesita que este haya sido capaz de transmitir al resto del grupo la motivación, el conocimiento, la confianza y la seguridad de que las decisiones para resolver la situación son las adecuadas.

La comunicación no comienza en el momento en el que se afronta el problema. Como las otras condiciones anteriores también hay que trabajarla. La comunicación comienza desde el mismo momento en el que se forma el grupo. El líder debe de tener la habilidad para crear un ambiente de comunicación que incluso llegue hasta lo personal. En los momentos de crisis donde las personas tienen que tomar decisiones tan importantes como la de luchar por salvar la vida de otras personas o las suyas propias, los lazos afectivos que se han creado en el grupo son cruciales para actuar abnegadamente en beneficio del interés del grupo.

Ese líder debe de estar capacitado, conocer no sólo los procedimientos, y estar entrenado, debe además poseer una inteligencia emocional capaz comunicar a sus hombres la necesidad de afrontar esa situación límite. Debe de tener la suficiente fortaleza mental como para responsabilizarse de la duda y la carga moral del resto de su equipo. Y para eso se necesita mucha comunicación, mucha explicación de por qué y cómo se deben afrontar situaciones tan extremas.

5 Decisión

Se supone que después de elegir a un líder formado, con toda una operación planificada, con un entrenamiento adecuado y con un nivel de comunicación que permita transmitir confianza personal y profesional, cualquier situación de crisis podrá ser solucionada por el líder. No cabe duda que todas estas condiciones asegurarán una parte de la eficacia para tener éxito en la resolución de problemas límite. Sin embargo, son muchos los casos de líderes con todas esas características que han fracasado porque no han sido los suficientemente fuertes para tomar determinadas soluciones.

Las situaciones límite suelen provocar dilemas tremendos para los líderes. Para ningún cirujano es agradable tener que amputar una pierna para salvar la vida de un paciente, o para un empresario despedir a un número de trabajadores para salvar el resto de la empresa, o para un dirigente político tomar medidas económicas que perjudiquen a muchos de los ciudadanos para conseguir logros económicos en el ámbito nacional.

La vida está llena de momentos en los que hay que tomar decisiones, la decisión es el tramo final del líder. Si en algo se caracteriza un líder, sea cual fuere su actividad en la vida, es por la de tomar decisiones. El líder tiene la obligación de tomarlas, su inacción o su demora pueden resultar fatales para la resolución favorable de situaciones límite. No sirve la expectativa, ni desviar la atención, ni ocultar el problema, ni mucho menos negarlo.

El líder o decide o no es líder. El buen líder, esa persona formada, planificadora, entrenada y comunicadora debe al final decidir. Y esa decisión a pesar de todo comporta riesgo, y el riesgo produce ansiedad y hasta miedo. El líder debe gestionar esa duda y ese miedo, debe estar capacitado para aceptar la responsabilidad de los errores, del fracaso, porque de otro modo quedará paralizado y la situación límite acabará con él y con todas las demás personas afectadas.

Conclusiones

Los profesionales formados y entrenados para ser líderes en situaciones límite no son fruto de la casualidad, de la oportunidad o de la aclamación popular. El proceso para capacitar a este tipo de líderes es largo y complicado. Para ello es imprescindible un proceso de selección y evaluación continua.

La dedicación a la formación en todos los aspectos de la vida, muy especialmente la de los líderes, es la principal inversión que pueden realizar instituciones y empresas.

No hay que olvidar que esa formación no debe de ser exclusivamente técnica u operativa, hay que dar máxima importancia a las relaciones interpersonales y al conocimiento de uno mismo. Hay que cultivar la inteligencia emocional, sin la cual la relación con los demás es imposible.

La planificación es otra de las condiciones sin la que no será posible resolver problemas y menos situaciones de riesgo. La carencia de un plan, el dejar a la suerte o a la buena voluntad de las personas la resolución de los problemas, descalifican a cualquier persona para ejercer la función de liderazgo. Liderazgo que también se pone de manifiesto en esa fase de planeamiento, cuando el líder formado sabe con lo que se puede enfrentar y cómo afrontarlo.

Pero no se puede dejar todo escrito en estupendos planes de acción, hay que trabajarlo a diario, tiene que haber un entrenamiento intenso y extenso. El entrenamiento proporciona no sólo seguridad y habilidad, sino que permite comprobar si el sistema funciona, sus posibles deficiencias y su inmediata corrección. El entrenamiento debe de ser esencial en la vida de un líder y de su equipo.

Los líderes tienen que estar en permanente comunicación interna y externa, con su grupo y con el público cuando el cargo lo exija. Un líder aislado deja de serlo, se convierte en alguien en la que la gente no confía. La introversión es mala compañera del liderazgo. Cuando un líder no transmite, no se explica, proyecta la sensación de ocultismo, desconfianza o simplemente que no tiene nada que decir porque no sabe lo que decir.

Y por fin llega el momento de tomar una decisión, y puede surgir la duda y el miedo al fracaso. La duda y el miedo no son malas de por sí, el problema es cuando dominan al individuo y lo paralizan. La duda alerta, hace que se analicen las circunstancias para pasar a la acción, el miedo mantiene cierta tensión y provoca precaución ante la imprudencia y la temeridad.

Pero los verdaderos líderes no se ocultan, ni ocultan los problemas, dan la cara con valentía y responsabilidad. No se arrugan por las circunstancias adversas y deciden a pesar de lo costosas de sus decisiones; son conscientes de que las situaciones límite no se resuelven con el tiempo, si no con la actuación inmediata.

Pandemias, catástrofes naturales, atentados terroristas, accidentes ferroviarios, aéreos o de tráfico, incendios de bosques, emergencias derivadas de la crisis económica, movimientos sociales y políticos de tendencia violenta, pueden conducir a situaciones límite. Los responsables de atajarlas, de cambiar la situación a favorable, deben de ser personas con las condiciones expresadas anteriormente:

FORMACIÓN, PLANIFICACIÓN, ENTRENAMIENTO, COMUNICACIÓN Y DECISIÓN.

Javier Jiménez Olmos

17 de julio de 2020

Este artículo es el resumen de mi trabajo monográfico “Cinco condiciones para liderar en condiciones límite”, publicado en el libro Liderazgo: hoja de ruta, (Coord. Querol Fernández, F., Universidad San Jorge, Zaragoza, 2013)

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