La Corte Internacional de Justicia (CIJ) no ha sentenciado un alto el fuego en Gaza, sólo medidas cautelares para evitar un genocidio todavía presunto. Si se trata de un genocidio se tardarán años en dictar sentencia y mientras el gobierno del Estado de Israel continúa masacrando (esto sí es un hecho comprobado) a la población palestina.

Las medidas cautelares son de obligado cumplimiento, aunque la CIJ no dispone de los medios para hacerlas efectivas, por tanto, el gobierno de Netanyahu podrá seguir:

  • matando palestinos
  • provocando daños corporales y psíquicos
  • imponiendo condiciones incompatibles con la vida
  • incitando a los discursos de odio  
  • impidiendo la ayuda humanitaria

Y todo esto, que puede ser considerado como genocidio, podrá hacerlo porque se sabe apoyado o consentido por su gran aliado Estados Unidos y por sus incondicionales seguidores. La democrática Europa no unirá sus esfuerzos para conseguir una reprobación y las correspondientes medidas disciplinarias contra los dirigentes israelíes, dirigentes que siguen ordenando golpear sin compasión a la población palestina.

La Corte Internacional de Justicia deberá informar al Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas de la obligación de Israel de cumplir las medidas para la prevención de un genocidio (por ahora, los hechos son crueles y la presunción pasa a ser evidencia). El Consejo de Seguridad podrá comprobar si Israel cumple lo establecido CIJ, caso de no ser así como ya se está evidenciando, tendrá que dictar una Resolución vinculante para que Israel evite el genocidio.

¿Qué harán entonces los miembros permanentes del Consejo de Seguridad? ¿ejercerá Estados Unidos el derecho de veto? No olvidemos que el CIJ obliga también a Hamás liberar a los rehenes secuestrados. Mientras tanto prosigue la tragedia (¿genocidio?) y entre tanto las sociedades occidentales, las democracias defensoras de los derechos humanos (cuando les conviene) unas con tibias reclamaciones y otras claramente apoyando al gobierno de Israel.

Europa inactiva por interés, por complacencia o por complicidad. No hay que evitar esta última palabra. Si finalmente se sentencia contra el Estado de Israel como autor de un delito de genocidio, todos los que le han apoyado podrán ser considerados cómplices, (¿o no sería considerado cómplice si se apoyara los atentados terroristas de Hamás?) De nada servirá la justificación del apoyo a la defensa legítima, esta defensa debe ser proporcional, de acuerdo con las leyes humanitarias que se regulan en las diferentes convenciones.

Mal camino, que comenzó con abrazos y apoyo incondicional a Netanyahu por parte de mandatarios occidentales, con Mr. Biden a la cabeza (el Presidente del Gobierno de turno y de España, señor Sánchez, fue de los pocos que contestaron la respuesta israelí, y por tal motivo fue criticado por el Gobierno Netanyahu, como también lo hicieron cuando el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres ha condenado los ataques indiscriminados en Gaza, y ahora con el responsable de la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, señor Borrell, cuando ha presentado un plan de paz para Oriente Medio) .

Hamás, considerado grupo terrorista, cometió un terrible atentado contra civiles indefensos el 7 de octubre del 2023, pero no toda Gaza es Hamás, ni todos los palestinos son terroristas. Parece que Netanyahu y sus ministros más ultra radicales piensan que sí lo son y que, por tanto, hay que eliminarlos, y uno se puede preguntar ¿si Israel tiene derecho a su defensa no la tienen también los palestinos?

Caminos a la paz

Al final esta guerra de Gaza, como seguramente la de Ucrania y otras tantas, acabará en una mesa de negociación. Cuando seguir manteniendo una guerra se hace insostenible, no solo desde el punto de vista humanitario sino desde la cada vez más contraria opinión pública, no queda otro remedio que negociar. No obstante, los grandes beneficiados de las guerras, los intereses económicos y los fanáticos no cejarán en su empeño de continuar guerreando. Los primeros, los de los intereses, por el tremendo beneficio que les proporciona seguir alimentando las maquinarias militares; los segundo, los fanáticos, porque siguen en su cerrazón mental en la creencia de estar en posesión de la verdad y, por tanto, es justo matar o morir por esa iluminada causa.

La sociedad civil movilizada contra la guerra tiene un gran poder, el activismo ciudadano contra la irracionalidad de la guerra cunde conforme los conflictos se enquistan. Si en un principio algunos sectores sociales convencidos, o convenientemente manipulados, se adhieren a las soluciones belicistas, conforme la guerra avanza evolucionan hacia posiciones menos violentas. El hartazgo de tanta destrucción y muerte provoca en los desinteresados y los ponderados una evolución hacia las soluciones dialogadas.

Así, desde los abrazos complacientes, desde las argumentaciones de defensa legítima, desde los apoyos incondicionales a las intervenciones militares, se pasa a apostar por el diálogo y el compromiso por la paz. Posiblemente, esa transformación se lleve a cabo por una conciencia humanitaria, lo suficientemente sensible como para comprender los horrores de una guerra. También influirá, especialmente en los profesionales de la política, la impopularidad de apoyar o intervenir en guerras le hará perder votos.

Hay que parar la guerra en Gaza, en Ucrania y en tantos lugares de este planeta. Exigir desde la sociedad humanitaria, compasiva y solidaria, el final de toda esta violencia que solo beneficia a unos pocos.

Hay que sentar las bases para que no exista la violencia estructural, cultural o verbal que conducen a la violencia directa, a la guerra.

SI QUIERES LA PAZ, EDÚCATE, EDUCA Y TRABAJA CADA DÍA PARA LA PAZ

Javier Jiménez Olmos

28 de enero de 2024

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