¿Populismo, nacional populismo o fascismo?

El crecimiento de movimientos sociales y partidos políticos que fomentan la polarización, por sus posiciones dogmáticas y excluyentes, es un hecho que se refleja en la vida diaria a través de los medios de comunicación, las redes sociales, los parlamentos, y los gobiernos de algunas naciones de tradición democrática.

Es una evidencia histórica que los procesos de polarización extremista siempre han conducido a la violencia y a conflictos armados. Conocer las causas y consecuencias del extremismo político, social, religioso o de cualquier otra forma, es la mejor forma de trabajar para prevenir la violencia. La falta de conciencia de las sociedades democráticas occidentales llevó a permitir que el fascismo y el nazismo crecieran hasta el punto de provocar la mayor guerra que ha sufrido la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, con millones de víctimas.

A estos grupos, que ellos mismos casi nunca se consideran extremistas, es complejo definirlos. Una manera de denominarlos, que no deja de ser una simplificación, es el de populistas. Un término aceptado para definir un fenómeno creciente en el mundo, en tantas ocasiones como concepto poco delimitado y que sirve como expresión peyorativa para dirigirse a adversarios políticos, sin que necesariamente haya tomado posiciones antidemocráticas o extremistas.

Con la denominación de populistas se mencionan a grupos políticos que pueden representar una amenaza para el sistema. Sin embargo, cabe preguntarse si realmente todos estos grupos denominados de esa forma constituyen una amenaza, y caso de ser así qué tipo y qué nivel de amenaza poseen. Por eso, hay que distinguir y analizar qué parte de ese denominado populismo constituye una amenaza para la convivencia.

Hay un debate sobre la denominación de estos movimientos sociales y políticos de corte excluyente y agresivo contra la inmigración, que proclaman un nacionalismo exacerbado, que discuten el sistema de democracia liberal, que rechazan las políticas de igualdad de género, que detestan a las comunidades LGTBI y que niegan las evidencias científicas como el cambio climático. Para agrupar a estos movimientos reaccionarios se les denomina nacional populistas, extrema derecha o simplemente populistas.

No se trata de igualar exactamente a algunos de estos movimientos extremistas con aquellos del periodo entreguerras, pero sí de estudiar si existen similitudes, para que se tome conciencia del peligro para la seguridad humana que conlleva fomentar pensamientos y comportamientos no acordes con el respeto a la dignidad humana y a las libertades fundamentales de las personas, tal y como se recogen en las constituciones de los Estados democráticos y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por ello, se ha creído conveniente recordar de una manera concisa en qué consistió el fascismo, y a partir de ahí, que cada lector pueda investigar, analizar y reflexionar sobre lo que estos movimientos reaccionarios actuales pueden tener de fascistas.

La aparición del fascismo

Como contraposición a esa revolución soviética, y también contra las democracias liberales, aparece durante a final de la primera década del Siglo XX la otra gran fuerza extremista diferente del comunismo: el fascismo. El fascismo italiano se funda en 1919 y llega al poder 1922, diez años antes de que los consiga el partido nacionalsocialista en Alemania. El fascismo se desarrolla fundamentalmente en el periodo entreguerras

En italiano la palabra fascio significa haz o unión. Pero al fascismo se le asocia con totalitarismo, represión y brutalidad. La prueba es que la mayoría de los fascistas prefieren no llamarse por ese nombre. Algunos aspectos propios de los fascistas son: la aceptación de un líder indiscutible, la proclamación de un partido único, y la supeditación de las fuerzas de orden público y el ejército a los dictados del partido fascista. El fascismo, es eminentemente militarista, lo que finalmente condujo a la gran contienda mundial de 1939 a 1945.

El fascismo recoge el desasosiego de los europeos de principio de siglo XX. La Gran Guerra y la posterior crisis económica hicieron crecer la desesperación en una Europa destrozada física y moralmente. El miedo y la desesperación fueron el caldo de cultivo para la aparición de movimientos “salvadores”. El fascismo prometía solucionar todos los problemas que afrontaban los seres humanos que habitaban la convulsa Europa de principios del siglo XX.

El ideario fascista

El fascismo dista de una concepción intelectual basada en la razón. Esta ideología es sobre todo un movimiento de acción, tal y como definieron los fascistas italianos en su primer congreso celebrado en 1919: Nuestra ideología es la acción. “Primero actuar y luego pensar”. Según su ideario, la reflexión previa no es necesaria para la acción.

El fascismo se presentó como regenerador de una sociedad decadente que había perdido sus valores patrióticos y morales. En su irracionalidad, el delirio de grandeza del fascismo apela al pasado glorioso del imperio como el romano, en el caso italiano, o el de “el imperio donde nunca se ponía el sol”, en el español.

Sin embargo, aunque reaccionario en cuanto a los valores que representaban las tradiciones patrióticas, morales o religiosas, sí que era receptivo a todas las modernas tecnologías que le podían proporcionar poder. En la parcela económica, no le importó seguir alineado con los grandes empresarios y las élites financieras y, tanto en Alemania como en Italia, los poderes económicos fueron fieles cómplices del fascismo.

El fascismo no toleraba los términos intermedios, por lo que no era partidario del análisis intelectual por considerarlo un signo de debilidad. Para los fascistas el diálogo era inútil, para ellos no había otra razón que la suya, que se impondría si era preciso por la fuerza. Para conseguir el poder absoluto no dudaban en eliminar, físicamente si era necesario, a sus enemigos. Los fascistas eran, por tanto, totalitarios.

La comunicación fascista era una continua provocación agresiva, en la que se rendía culto a la violencia, al patriotismo exacerbado, al militarismo y a la guerra. Los mensajes que trasmitían estaban destinados a agitar las emociones, de modo que los receptores creyeran que así iban a obtener la solución a sus problemas. Eran mensajes simples que no requerían análisis y debate racional. El fascismo trabajaba con las vísceras en vez de con el cerebro.

El fascismo se caracterizaba por tener un liderazgo personalista en una figura que representaba todos los valores patrios. Ese líder debía ser un gran orador capaz de movilizar a las masas, de modo que las inteligencias individuales fueran anuladas a favor de la del líder, de modo que solo hubiera un pensamiento único e indiscutible, el del duce (jefe). “El duce es la inteligencia que piensa por todos, él es el guía, la verdad, la representación de la patria”. La oratoria compulsiva y agresiva, y la propaganda cumplían la misión de hacer creer a las masas en la infalibilidad de su líder, al que seguirían hasta la victoria o la muerte.

Para el fascismo la patria es sagrada y está por encima de los individuos. La sacralización de la patria cuando está ligada a la religión, como en el régimen franquista de España, eleva al dictador a la categoría de representante de Dios en la tierra. El duce español, como le denominaban sus seguidores se convierte en caudillo de España por la gracia de Dios. La patria y el líder fascista se glorifican. La propaganda fascista se encarga de elaborar las leyendas sobre las hazañas de los héroes de la patria y, por supuesto, de su caudillo.

Para el pensamiento fascista la democracia liberal es decadente por lo que hay que regenerar la sociedad y volver a los valores tradicionales: la disciplina, entendida de la forma militarista; el espíritu de sacrificio, que incluye la preparación para la guerra; la voluntad de vencer, aún a costa de la vida propia; y el nacionalismo extremo, que supedita todo interés personal al de la patria.

Para el fascismo el lenguaje y los símbolos eran fundamentales a la hora de expandir su mensaje. Para ello los fascistas se valían de las modernas tecnologías de la época como eran la radio, el cine y los mítines pronunciados por grandes oradores, capaces de enardecer a las masas, y cuando era posible con su gran líder como colofón, mítines adornados con una parafernalia simbólica capaz de dar un sello de grandiosidad, poder y esoterismo cautivador.

En cuanto a la economía, los fascistas van a respetar a los poderes financieros y económicos, más aún se van a aliar con ellos y crean grandes empresas de apariencia estatal, pero de las que esos poderes económicos seguirán obteniendo grandes beneficios. La única condición que el fascismo imponía a los poderes económicos era el respeto al sistema político, cosa que consiguió incluyendo también entre los miembros del partido fascista a renombrados representantes del capitalismo empresarial. Así el sistema se perpetuaba en favor del sistema económico capitalista predominante.

El fascismo se construye a través de unos componentes principales:

  • El antimarxismo, que combate a su enemigo principal el comunismo
  • El antiliberalismo, contra las democracias liberales a las que consideran decadentes
  • El ultranacionalismo, la nación y la patria están por encima de cualquier otro valor
  • El totalitarismo, para identificar la patria con el partido fascista único
  • El antipacifismo, la victoria del hombre superior, aunque sea mediante la violencia
  • El elitismo, que predica la desigualdad biológica que conduce al racismo
  • El machismo, exaltación de la figura masculina como prototipo del valor

¿Por qué produjo tanta seducción el fascismo? ¿Por qué sedujo a millones de seres humanos? Lo cierto es que su expansión por Europa fue la causa de esa gran guerra civil que fue la Segunda Guerra Mundial.

La irracionalidad del fascismo

En su irracionalidad programada los llamados intelectuales eran denostados e incluso perseguidos y condenados. La muerte en defensa de esa patria fascista estaba glorificada (encontrando el paradigma de esta visión fatalista en el grito de “viva la muerte” que pronunciaban algunos de los militares fascistas que se rebelaron contra la Segunda República de España). El líder nazi o fascista no era un intelectual, ni un filósofo, ni un político tradicional, era un hombre (en el sentido masculino, las mujeres tienen un papel secundario dentro del fascismo) capaz de alentar y motivar a las masas dentro de la organización autoritaria que él dirigía. Su oratoria y su aparato de propaganda era fundamentales para tales propósitos.

El líder fascista o nazi eliminaba todos sus adversarios políticos mediante la anulación de todos los partidos políticos, excepto el suyo. Estos líderes construyeron una organización represiva para lo que controlaban los cuerpos de seguridad del Estado y a las fuerzas armadas, que pasaban a ser uno de los elementos más importantes para construir una nación militarista y totalitaria. El partido único también controlaba la justicia, con lo que la división de poderes quedaba suprimida, Así mismo, planificaban y dirigían la educación con el fin de convertirla en un aparato del adoctrinamiento favorable a sus tesis. Incluso en se atrevían con las religiones a las que condenaban a la clandestinidad si no se avenían a su control (en algunos casos, como en la España de la dictadura franquista, la Iglesia Católica como institución se convirtió en unos de los pilares fundamentales del régimen).

La propaganda fascista tenía la capacidad para conglomerar a gentes de diferentes procedencias sociales. A los nacionalistas la prioridad de la defensa de la patria por encima de todo lo demás, a las élites capitalistas protección de sus interese contra el comunismo, a los obreros la liberación del capitalismo explotador, ya todos en general la promoción de los valores tradicionales de la cultura cristiana occidental. En suma, a cada grupo social le ofrecía lo que quería escuchar, con la finalidad de aunar a las masas para conseguir sus propósitos totalitarios.

Neofascismo, extrema derecha o nacional populismo

Existe una confusión ideológica con movimientos aparecidos de componentes fascistas, pero que presenta peculiaridades propias del momento histórico, tal es el caso de los llamados neofascistas, ultraderechistas o nacional populistas. Lo que sí es una evidencia es el resurgimiento de movimientos sociales excluyentes, nacionalistas, xenófobos e incluso racistas, que son elementos propios del fascismo clásico. Muy a tener en consideración en estos movimientos es la animadversión contra los inmigrantes, muy especialmente aquellos provenientes del islam.

En las sociedades europeas el fascismo permaneció desprestigiado y denostado después de su derrota en la segunda guerra mundial. En el caso de España la dictadura franquista, que en un principio estuvo muy influenciada y dirigida por el fascismo, paso a convertirse en un régimen autocrático donde el fascismo y sus símbolos se convirtieron en algo casi folclórico dentro de la parafernalia de un régimen decadente.  No obstante, la ideología fascista permanecía latente en algunos sectores de las sociedades europeas. En algunos casos, debido al temor de la expansión soviética durante el periodo llamado de la guerra fría, que se extendió desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 a la desaparición de Unión Soviética en 1991, los residuos del fascismo perduraron consentidos por las democracias liberales dado su militante anticomunismo. España fue uno de los casos paradigmáticos, el régimen franquista fue reconocido y apoyado por la gran potencia estadounidense, que encontró en el dictador Franco uno de sus más leales aliados en su freno al comunismo soviético.

Actualmente, los herederos de los movimientos fascistas han encontrado pretextos para fomentar su ideología, eso sí, adaptándola a las circunstancias particulares de cada país, pero que aglutinan el descontento provocado por una evidente crisis económica que ha creado más pobreza y desigualdad, por la percepción de una pérdida de valores de la cultura occidental y por el temor a la identidad cultural, religiosa y nacional por lo que consideran una amenaza de la inmigración. El resultado es que los llamados nacional populistas tienen un caldo de cultivo apropiado para difundir su mensaje catastrofista, basado en conspiraciones que atentan contra la patria, la religión o el estilo de vida. Toda una evocación emotiva propia del fascismo clásico. Una llamada a los sentimientos motivados y alentados por el miedo. El miedo que hace perder la racionalidad y despierta los sentimientos de defensa más agresivos.

Para estos movimientos de raíz fascista no existe el término medio, la moderación o el diálogo, mucho menos el acuerdo, con el que piensa diferencia. Para el fascismo de nuevo cuño (neofascismo, extrema derecha o nacional populismo, como se le quiera llamar) el diferente o el que piensa diferente representa una amenaza que hay que eliminar. Estos movimientos agresivos en su forma de comunicarse, el tono de sus discursos y la parafernalia con la que los adornan tienten tintes propios del fascismo. No obstante, su comportamiento dentro de las democracias es de aceptación de los regímenes democráticos en los que se encuentran. La democracia liberal les sirve para manifestarse libremente, aunque critican la democracia liberal a la que consideran decadente.

Defensores de las “virtudes tradicionales” (aunque no siempre se las aplican ellos mismos) se sirven de las modernas tecnologías de la comunicación para difundir sus mensajes y su propaganda. En cuanto a la economía son firmes defensores del neoliberalismo, a pesar que su manipulación propagandista les hace aparecer como anti sistemas que van contra las élites y defienden a los más desfavorecidos. Un mensaje dirigido a aquellos que se siente no representados por las actuales clases políticas dirigentes

El populismo de extrema derecha

El siguiente paso, una vez resumido en qué consiste el fascismo y el neofascismo, es describir los movimientos actuales que puedan tener elementos de ese ideario. Hay que constatar el auge en toda Europa de partidos con programas políticos y comportamientos no muy de acuerdo con los sistemas democráticos, tal y como los hemos conocido hasta ahora en los países europeos, en Estados Unidos y Latinoamérica. No hay unanimidad a la hora de clasificarlos y denominarlos. Populismo, nacional populismo, ultraderecha, ¿cuál sería la mejor forma de denominarlos? ¿Tienen el mismo ideario y comportamiento?

Como se ha dicho anteriormente, el populismo no constituye el problema más grave. La política partidista, en general, tiene mucho de populista. Los populistas para lograr sus objetivos, recurren a: las emociones, una empatía aparente y la manipulación sectaria de la historia. Para sus propósitos utilizan: los discursos directos y simples, las redes sociales, los programas espectáculos televisados y la prensa “amarilla”, entre otros medios de comunicación. ¿Qué partido político o qué líder político no recurre a estos métodos hoy en día?

Los ciudadanos ya han aprendido a convivir con ello y no representa otro peligro que el de dejarse seducir por los argumentarios programados para manipular. El peligro viene cuando el discurso populista se convierte en agresivo y violento, cuando tratan de imponer o imponen reglas que van contra la dignidad y derechos humanos, cuando son xenófobos, o racistas, cuando van contra los inmigrantes o los refugiados, cuando persiguen a la comunidad LGTBI, o cuando descalifican, persiguen y condenan a los que piensan diferente. A todos esos habría que llamarlos extrema derecha. Una extrema derecha muy influenciada ideológicamente con el ideario fascista. Una extrema derecha que no se reconoce a sí misma como tal extrema derecha y mucho menos como fascista.

La extrema derecha se atribuye la verdadera y legítima representación del pueblo, con el lema “nosotros somos el pueblo”, y recurren al nacionalismo como elemento fundamental de su discurso. Los populistas se postulan como salvadores contra: los corruptos y los enemigos de la patria

Esquema del pensamiento populista

Poderes (todos los políticos, excepto ellos mismos) El pueblo
Ellos Nosotros

La extrema derecha está repleta de paradojas y contradicciones. Van contra el sistema, sin embargo, participan y abusan de la democracia; emplean un lenguaje agresivo, a veces, belicista. No obstante, se presentan como no violentos. Su lucha contra el poder tiene rasgos revolucionarios pero su nacionalismo es absolutamente conservador y reaccionario.

¿Ha sido la crisis una de las principales potenciadoras del auge de la extrema derecha? ¿Castigan sus seguidores a los partidos tradicionales por no haber sabido dar soluciones a la crisis? ¿Son las clases populares más propensas a la manipulación de la extrema derecha?

La extrema derecha encuentra refugio en el nacionalismo identitario extremo que conduce a la xenofobia y el racismo y, por tanto, es claramente antiinmigración, en particular aquella proveniente del islam. Sin embargo, ¿no ha sido el sistema económico predominante el que ha fomentado la mano de obra barata para conseguir mayores beneficios? Si la crisis ha sido el factor determinante, la identidad y el nacionalismo el potenciador, el islam ha sido el detonante para la explosión extremista en Europa.

La extrema derecha acusa a los inmigrantes de competencia desleal con los nacionales al aceptar salarios menores que los nacionales ¿Y no será que será tan culpable el sistema económico actual que con sus leyes permite las diferencias salariales o no persigue suficientemente a los que las incumplen? También a los inmigrantes de no integrarse, de no aceptar el estilo de vida del lugar receptor ¿Y no será que no se favorece esa integración mediante un buen sistema educativo y una mejora de sus condiciones de vida? La extrema derecha propaga el mensaje que la identidad cultural, religiosa y de raza están amenazadas

¿Por qué han aumentado los votos en favor de la extrema derecha?

 Las causas posibles las podemos encontrar en: la crisis económica, la globalización, la crisis de los partidos tradicionales y de la democracia liberal o el incremento de la inmigración.

Teoría economicista de las causas del populismo

Esta teoría defiende la tesis de que la extrema derecha ha crecido debido a la crisis neoliberal que ha producido grandes bolsas de desigualdad y desempleo en países donde había un nivel alto de desarrollo. Se ha criminalizado a los inmigrantes por considerarlos mano de obra barata que compite con ventaja con los trabajadores locales y que tienen acceso a los mismos derechos sociales que los nacionales. El neoliberalismo ha producido que aumenten las rentas del capital y que disminuyan las del trabajo, lo que ha causado pérdida de poder adquisitivo de las clases medias y trabajadoras, y grandes diferencias salariales y por lo tanto mayor desigualdad. Todo ello se ha visto favorecido porque muchos de los votantes de izquierda se han sentido abandonados por aquellos partidos y sindicatos que decía representarlos. Esos votantes han percibido a la socialdemocracia, principalmente, como ligada al capitalismo.

Movimientos migratorios y cambios demográficos

La inmigración es uno de los detonantes, posiblemente el más común y principal, del crecimiento del ultraderechismo. La izquierda tradicional y la radical defienden a los inmigrantes lo que les ha llevado a perder electores entre sus votantes, incluso de la clase trabajadora, por hacerse eco de la propaganda que les induce a pensar que son competencia para sus prepuestos de trabajo y los de sus hijos. Sin embargo, las clases altas, terratenientes y propietarios de los medios de producción, obtienen grandes beneficios de esa competencia. Ofrecen salarios más bajos y deslocalizan sus empresas allí donde no se les exige tanto respeto a la dignidad y salarios de los trabajadores. También, pequeños y medianos empresarios de los sectores de servicios y agricultura principalmente, también se aprovechan de esta competencia desequilibrada. Los sindicatos, previamente desprestigiados, por la manipulación populista o por su propia incompetencia, no actúan eficazmente para atajar el problema de las condiciones laborales de los inmigrantes y de los trabajadores en general, lo que constituye un caldo de cultivo excelente para la intervención populista que aparece como salvadora.

Globalización

El nacionalismo característico de la extrema derecha es también una reacción a la globalización. El nacionalismo es un parapeto contra la amenaza globalizadora que atenta contra el empleo. La producción de bienes y servicios se deslocaliza buscando mano de obra barata que pueda conseguir mayores beneficios a las grandes empresas transnacionales. Las clases afectadas por pérdidas de puestos de trabajo debido al traslado de sus empresas ven en esta libertad de mercados una amenaza para su subsistencia. El nacionalismo les habla de una patria justa en peligro por la corriente liberalizadora. Una patria impuesta, tantas veces, por aquellos mayores beneficiarios del sistema neoliberal vigente.

Teoría identitaria de las causas de auge de la extrema derecha

El miedo es el principal causante de esta teoría. El miedo a perder los valores occidentales cristianos, la religión, la lengua y las tradiciones. Es el enfoque emotivo del populismo. Ante el miedo se reacciona de manera irracional y se llega a votar contra los propios intereses de clase.

Ambas tesis, la económica y la identitaria, se solapan, de modo que el populismo adopta versiones con características propias dependiendo de los lugares en los que se instala.

La desconfianza hacia las élites tradicionales, el miedo a perder la identidad, la creciente desigualdad y el alejamiento de las instituciones tradicionales son las cuatro grandes semillas para el desarrollo del populismo.

Javier Jiménez Olmos

Febrero 2020

Bibliografía consultada:

Antón Mellón, Joan, Ideologías y movimientos políticos contemporáneos. Tecnos, 2006

Eatwell, Roger y Goodwin, Matthew, Nacional Populismo, Península 2019

Griffin, Roger, Fascismo, Alianza Editorial, 2018

G. Payne, Stanley, El fascismo, Alianza Editorial, 1982

Martí Font, J.M. y Barbier, Christophe, La fortaleza asediada, Península, 2018

Veiga, Francisco; González-Villa, Carlos; Forti, Steven; Sasso, Alfredo; Jelena,Prokopljevic y Moles, Ramón, Patriotas indignados, Alianza Editorial, 2019

Páginas web

Ascenso del nacionalismo

http://www.ceipaz.org/images/contenido/ANUARIO%20CEIPAZ%202018-2019.pdf

Globalización e identidades https://publicaciones.defensa.gob.es/media/downloadable/files/links/g/l/globalizacion_e_identidades._dilemas_del_siglo_xxi_ce_200.pdf

El presente artículo es un resumen presentado a los alumnos de La Universidad de la Experiencia, de la Universidad de Zaragoza, en la sede de Binéfar, como parte de la asignatura que imparto titulada Claves para entender el mundo. Seguridad Internacional. Por tanto, no se trata de una obra original, sino una recopilación para ayudar a este profesor a explicar el auge de los movimientos reaccionarios en el mundo actual. Por consiguiente, gran parte de los párrafos han sido tomados íntegramente de los autores mencionados en la bibliografía.

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