Desde que comenzó este conflicto entre palestinos e israelíes ha sido una opinión consensuada que la solución pasaba por la Casa Blanca. La paz puede llegar finalmente a Gaza. Una paz negativa por el momento, entendida como tal la ausencia de guerra. Es un primer y muy importante paso que, de consolidarse, podría llegar a alcanzar la deseada paz positiva, que no es solo la finalización de una guerra, sino la consecución de un lugar de convivencia donde impere la justicia social, el bienestar de los ciudadanos, su seguridad, su dignidad, su libertad; donde el respeto a los derechos humanos y las leyes internacionales sean el modelo de convivencia prioritario.

El plan de paz para Gaza, presentado por el Presidente de los Estados Unidos, hay que recibirlo con prudencia, con cautela, pero con esperanza, porque quizás es, de todas las soluciones posibles, la que tiene mayores posibilidades de salir adelante. Muchos serán los obstáculos técnicos e ideológicos o políticos. Con voluntad de las partes se podrán resolver en las mesas de negociaciones, y con la ayuda de especialistas en procesos de paz. Mucho más complicado resultará convencer a los extremistas de ambos lados, palestino e israelí, que la guerra que sostienen durante tantos años no conviene a ninguno.

Si se logra superar esta primera fase, liberación de rehenes israelíes en manos de Hamás y prisioneros palestinos en las cárceles de Israel, cese de los combates y bombardeos, comenzará la entrada de ayuda humanitaria suficiente para la población gazatí; a continuación, la retirada progresiva del ejército israelí de la Franja a las zonas convenidas por los negociadores. Todo estará pendiente del cumplimiento de estos acuerdos por todas las partes implicadas. Después habrá que llegar a una fase reconstructiva, según el plan de Trump.

Aún faltan muchos detalles por concretar, sin embargo, ningún plan tendrá sus frutos a medio o largo plazo si los actores implicados no tienen en cuenta a la población palestina. Población que no ha participado en el diseño del Presidente norteamericano, aparentemente solo acordado con el Primer Ministro de Israel, Netanyahu. Sí que posteriormente ha logrado el beneplácito de la mayor parte de la Comunidad Internacional, a través de sus líderes políticos, y también de los líderes de Hamás, seguramente resignados por el desastre humano que se sufre en Gaza.

El Presidente estadounidense consideró que había llegado el momento de que cesaran los ataques del ejército israelí sobre Gaza, por diversas circunstancias del momento. La primera relacionada con la corriente mundial poco favorable a Israel, que también se extiende por los Estados Unidos; el señor Trump, seguramente bien asesorado, ha considerado que se estaba quedando solo en la defensa del gobierno Netanyahu. La segunda es la gran oportunidad de negocio que ofrece una reconstrucción multimillonaria; el Presidente norteamericano es ante todo un hombre de negocios. Otra importante consideración ha sido la de contar con el beneplácito y apoyo de aliados tan importantes como Turquía, Jordania, Qatar y Arabia Saudí; todos interesados en estabilizar Oriente Medio y tener buenas relaciones con Israel. Por último, los países europeos, más las poblaciones que algunos de sus líderes, se han mostrado muy disconformes con lo que podría ser considerado un Genocidio en Gaza, como así lo está investigando la Corte Internacional de Justicia. El silencio chino y ruso es significativo.

Aspectos decisivos, si se supera la primera fase del acuerdo de paz con éxito, será la entrega de armas por parte de Hamas. Esto requerirá equipos de verificación neutrales, como también se requerirán para la comprobación de la retirada progresiva de los soldados israelíes hasta las zonas que se acuerden. Zonas, por cierto, a las que las partes involucradas no han dado todavía su conformidad. La vigilancia para el cumplimiento de estos acuerdos de desarme y retirada, seguramente deberá de correr a cargo de esa fuerza de estabilización mencionada en el plan de paz. Tampoco está definida la composición de esa fuerza que, sin duda, planteará problemas para acordar quien la comandará y de que nacionalidades serán sus componentes.

Aunque el plan de paz establece la Junta de Paz presidida por Trump y compuesta por tecnócratas, bajo la batuta de Tony Blair, parece que se va a tener en cuenta a la representación palestina. Aquí se deberá tener una especial sensibilidad hacia los palestinos, ellos tienen que ser los principales receptores y beneficiados de la reconstrucción. No está contemplado explícitamente en el plan el reconocimiento del Estado de Palestina, pero se tendrá que abordar cuando la estabilización avance y se den las condiciones, según consta en dicho plan de paz. Del mismo modo, habrá que exigir el cumplimiento de las resoluciones Del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que afecten a las partes en conflicto, tampoco esto está expuesto en el plan de paz.

El plan tendrá dificultades, no obstante, hay que tener esperanza, sobre todo porque es la solución posible para acabar con el conflicto y llegar a una paz positiva. Especial atención merece el punto dieciocho del plan que menciona la necesidad de abordar el diálogo interreligioso como manera más directa de llegar al corazón, a la emotividad positiva, de dos poblaciones tan separadas por el fanatismo religioso propiciado desde ambos lados.

Independientemente de la puesta en escena y la personalidad del impulsor de este plan de paz, hay que considerar los aspectos positivos:

  1. El cese de la destrucción y la muerte
  2. La atención al desarrollo económico de la zona
  3. El reconocimiento del Estado palestino, aunque condicionado a la reconstrucción y las reformas políticas.
  4. La insistencia en el diálogo, tanto político como religioso entre palestinos e israelíes

Aunque llegue casi setenta mil muertos después, merece la pena apostar por este plan. El desarrollo económico es fundamental para lograr estabilidad; si se consigue que los habitantes del lugar vivan en condiciones dignas de bienestar, seguridad y libertad, la paz positiva o justa será posible. El fomento del dialogo será decisivo para una paz duradera y justa.

Quedan algunos aspectos a tratar, como el obligado cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas en lo que respecta a los territorios ocupados de Palestina por Israel, y delimitar las responsabilidades penales si finalmente la Corte Internacional de Justicia dictamina que se ha cometido genocidio o si las órdenes de detención de la Corte Penal Internacional sobre Netanyahu y alguno de sus colaboradores más cercanos se llevará a cabo. Tampoco se debe olvidar que la justicia deberá actuar contra los responsables de los atentados terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023. Los presuntos culpables, en todos los casos deberían ser condenados por los crímenes cometidos si los tribunales lo decidieran, no debieran permanecer impunes los delitos cometidos en ningún caso. No obstante, sería posible que para determinados casos se aplicaran medidas de gracia con el fin de no interferir en los procesos de diálogo, de reconstrucción y de paz.

La esperanza de la convivencia pacífica puede parecer una utopía. En este sentido conviene recordar la historia reciente de una Europa en permanente guerra y de odios ancestrales. Terminada la II Guerra Mundial, unos soñadores consiguieron impulsar una paz basada en la cooperación. Con todos sus defectos y con todas sus posibles mejoras esa Europa de la guerra se ha convertido en la parte del planeta donde se disfruta de la mejor convivencia, libertad y derechos humanos. ¿Por qué no apostar por lo mismo en Oriente Medio?

Zaragoza 15 de octubre de 2025

(Publicado en Heraldo de Aragón el 20 de octubre de 2025)

Javier Jiménez Olmos

Doctor en Paz y Seguridad Internacional (UNED 2010)

Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza

Coronel retirado del Ejército del Aire y del Espacio