Escribo, sobre todo, para acallar mi conciencia, para gritar desde el silencio que produce un folio en blanco, para manifestar mi dolor y mi protesta contra la barbarie.

El viernes pasado, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se propuso una resolución para algo tan humano como implantar un alto el fuego en Gaza.

El veto del representante de Estados Unidos provocó que no se aprobara dicha resolución. Su solo voto en contra y la abstención del Reino Unido acabaron con esta humanitaria resolución.

No soy experto en asuntos legales y no podría decir si lo que está causando el ataque israelí en Gaza es un crimen de guerra o un genocidio, pero como persona humana sí que digo rotundamente que es un atentado contra personas inocentes, tanto como el atentado de Hamás del 7 de octubre.

Estados Unidos, en boca de sus representantes, sigue sin considerar el desastre humanitario y, no solo no condena las agresiones militares en Palestina, ni apoya el alto el fuego, sino que sigue proporcionando material militar a las fuerzas invasoras de Gaza y al ejército israelí.

Si Israel puede considerarse como un Estado represor y, por tanto, poco ajustado a los estándares democráticos, a Estados Unidos puede considerársele una nación que consiente y apoya a los que cometen actos contrarios al más mínimo respeto a los seres humanos.

Poco que hacer, excepto manifestar mi indignación contra aquellos que son incapaces de sentir la más mínima empatía con el sufrimiento.

Amparándose en el derecho de veto las naciones que a él tienen derecho abusan de ese poder para resolver las delicadas cuestiones sobre la paz y la guerra según sus particulares intereses. La Comunidad Internacional no puede permanecer impasible ante la magnitud de la tragedia humana en Palestina.

El derecho de veto no debe ser un obstáculo para atajar las masacres y denunciar a los agresores.

  • Las generalizaciones son siempre injusta, cuando me refiero a Estados Unidos lo hago a sus representantes y no a toda la pblación. Estoy seguro que en ese gran país también hay indigandos contra la falta de humanidad de sus dirigentes.

Javier Jiménez Olmos

10 de diciembre de 2023

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