De nuevo Siria en primera plana de actualidad, aunque para los sufridos sirios no ha dejado de estarlo ni un solo día desde que comenzó esta guerra que asola su país hace ya 7 años. Desde marzo de 2011, han muerto por causa de esa guerra 465.000 personas.

Según la Oficina del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), 5,5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar Siria en busca de un refugio exterior, donde no siempre han sido bien recibidos; y 6,5 millones de sirios se han desplazado desde sus residencias habituales a otros lugares del país. Una enorme tragedia  si se piensa que la población total de Siria era de unos 21 millones de habitantes en 2011.

La guerra de Siria ha ido a portada mundial nuevamente por lo acaecido en la población de Guta (también denominada Ghouta o Ghuta), un distrito situado a unos 10 kilómetros al este del centro de Damasco. Este lugar se encuentra sitiado por las tropas leales al régimen de Al Asad desde el año 2013, porque es considerado bastión principal de los rebeldes contra el régimen de Damasco.

Unas 400.000 personas se encuentran atrapadas con escasez de alimentos y medicinas. Los bombardeos de las últimas semanas han recrudecido la penosa situación debido a que han destruido también los pocos hospitales que funcionaban, según denuncian organizaciones civiles como Médicos Sin Fronteras o Amnistía Internacional.

Con la excusa de que en el sector de Guta se realizan ataques contra Damasco, que el régimen califica de acciones terroristas, la artillería y aviación de Al Asad ha bombardeado el distrito de Guta, causando cientos de víctimas. Aunque no existen todavía pruebas definitivas comprobadas por organismos internacionales, los rebeldes y algunas organizaciones humanitarias acusan al régimen de crímenes de guerra por usar armas químicas, barriles bomba y bombas de racimo contra la población civil. El régimen se defiende diciendo que los rebeldes usan a los civiles como escudos humanos.

En una guerra siempre es difícil saber quién dice la verdad, pero la única verdad indiscutible es el sufrimiento de la población inocente de Guta y de otros lugares en guerra. Decir que la comunidad internacional permanece ajena al sufrimiento es injusto, porque la comunidad internacional la constituyen todas las personas de este planeta. Lo que ocurre es que esa parte de la comunidad internacional que dirige los destinos de este mundo no ha hecho nada efectivo por acabar con esta y otras masacres.

La sociedad civil se ha movilizado contra la guerra y lo sigue haciendo, aunque las actualidades “provincianas” acaparan la atención mediática y, como consecuencia, la de la mayoría de las personas de buena voluntad. Pero la guerra está ahí con el sufrimiento diario, con la destrucción y la muerte.

La guerra de Siria es la consecuencia de unos factores internos, como han sido la crisis económica, la corrupción y la sequía (que llevó a 1,5 de sirios a dejar el campo y emigrar a las grandes ciudades con todos los problemas derivados que conlleva). El detonante fue la Primavera Árabe que comenzó en el 2011. Las potencias regionales y los grandes actores internacionales, lejos de buscar soluciones y proporcionar ayudas económicas para paliar la crisis, se dedicaron a azuzar a los bandos en discordia según sus particulares intereses.

Irán y Rusia se pusieron de parte de Al Asad, mientras que Estados Unidos y las “petromonarquías” del Golfo lo hicieron apoyando a los rebeldes. Y por si faltara poco, en 2013 apareció el autodenominado Estado Islámico en el campo de batalla. Turquía también ha jugado un papel importante porque, aunque ha apoyado a los rebeldes, también ha atacado a sus principales enemigos, los kurdos, que quieren un Estado independiente. El otro gran actor, Israel, ha permanecido a la expectativa viendo como se desangraban entre sí sus enemigos, aunque no ha dudado en intervenir con ataques aéreos contra objetivos sirios que amparan a la guerrilla libanesa chiíta de Hezbolá.

Un juego de intereses con víctimas colaterales, las ya mencionadas personas sirias. Ninguna de las conversaciones de paz ha dado resultados positivos. Las primeras de Ginebra, comenzadas en 2012, y cuya última reunión fue en diciembre de 2017, no consiguieron poner de acuerdo leales al gobierno de Damasco y a los rebeldes para alcanzar la deseada paz. En las de Astana, que comenzaron en mayo de 2017, bajo los auspicios de Rusia, Irán y Turquía, se llegó al acuerdo de definir una zona de exclusión aérea y de combates, que tampoco ha sido efectiva. Y por último, las conversaciones de Sochi en enero de 2018 han resultado un fracaso por el boicot de la oposición debido al patrocinio de Rusia.

La última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, de 25 de febrero de 2018, que ha exigido a las partes enfrentadas un alto el fuego inmediato, ha sido apoyada incluso por Rusia. Sin embargo, tampoco ha sido efectiva, los combates y bombardeos continúan.  A causa de sus particulares intereses, Estados Unidos, Rusia, Irán y las monarquías del Golfo no tienen voluntad de llegar a una solución pacífica.

¿Quién proporciona las armas, la logística y la inteligencia a los contendientes? ¿Quién los financia? ¿Qué hace la democrática y desarrollada Europa, además de poner impedimentos a los miles de refugiados sirios y de otros países en guerra? ¿Qué hace el Gobierno de España? ¿Qué hacen los representantes políticos, perdidos en su visión estrecha de un mundo que no alcanza a ver más allá de unos pocos kilómetros de su terruño?¿Qué hacemos la sociedad civil para parar esta tragedia humanitaria?

Javier Jiménez Olmos

28 de febrero de 2018

Mapa de Guta de https://www.lainformacion.com

 

 

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