Vivimos un periodo de la historia del mundo donde el espíritu belicista vuelve a resurgir inquietantemente. Actualmente hay numerosos conflictos armados en curso en nuestro planeta.

Los gastos militares han ido creciendo a nivel mundial en los últimos años, con especial proporción en Europa y Oriente Medio. 

La guerra de Ucrania y ahora la de Gaza, constituyen una de las principales preocupaciones, no solamente por la tragedia humana que supone para los habitantes ucranianos y gazatíes, sino por las repercusiones internacionales que pueden tener ambos conflictos. 

Sin olvidar las catástrofes humanitarias en otros países, especialmente en África, las guerras de Ucrania y Gaza pueden conducir a conflictos generalizados de dimensiones catastróficas para la humanidad.

No hay que olvidar que los armamentos que poseen las potencias regionales en uno y otro caso, y la disponibilidad del armamento nuclear como amenaza, podrían conducir en caso de su uso a la hecatombe de la humanidad.

Por eso, los gobiernos y la sociedad civil deben movilizarse para caminar por la senda del diálogo que conduzca a la paz. 

Los movimientos ciudadanos, deben invocar a sus dirigentes para que empleen todas sus energías en la consecución de acuerdos de paz en cualquiera de los casos.

Estos movimientos también deben abogar por una reforma de las Naciones Unidas, de modo que su intervención para evitar los conflictos armados sea prioritaria, tal y como reza en su carta fundacional.

Los intereses interancionales, nacionales, políticos económicos o de otro tipo no deben ser los que marquen la agenda y decisiones de lasNaciones Unidas, por encima de la consecución de la paz. El derecho de veto constituye un anacronismo contrario a la democracia y la resolución de conflictos mediante el diálogo.

En su preámbulo la Carta de las Naciones Unidas habla de los pueblos, esos pueblos son las personas que los constituyen. Y esas personas quieren la paz.

NOSOSTROS LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES UNIDAS RESUELTOS

a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles,

a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas,

a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional,

a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,

A esas personas que quieren la paz les hacemos un llamamiento para que exijan la paz

La paz es el objetivo

Javier Jiménez Olmos

19 de abril de 2024

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