Con indignación contemplo la inacción de la Comunidad Internacional, esta vez representada en la Conferencia de Seguridad de Münich. Palabras vacías de dirigentes incapaces de tomar decisiones drásticas para atajar la masacre palestina. Ni una sola medida para impedir que, como señaló la Corte Internacional de Justicia, se pueda cometer un genocidio contra la población de Gaza.

No sé si estos tribunales, al final decidirán si es genocidio o cualquier otra cosa, los no iniciados en legislación internacional nos abstenemos de la calificación que se dé a lo que el Gobierno de Israel está llevando a cabo en Palestina. Se defina como fuere es evidente que es inhumano, tantas víctimas son inaceptables.

El gobierno de Netanyahu actúa impunemente, nadie se atreve a aplicarle sanciones, como por ejemplo se ha hecho con Rusia. Nadie se atreve a acusarle de criminal como sí se hace con Putin. Poca credibilidad democrática, de respeto a los derechos humanos y a las leyes internacionales cuando las condenas no son ecuanimes. La justicia solo es respetable cuando es ecuánime, cuando la petición de responsabilidades es aplicable siempre del mismo criterio.

¿Qué pensarán esos millones de palestinos condenados a una vida miserable y a bombardeos indiscriminados cuando esos dirigentes no toman ni una sola medida para impedir su sufrimiento? Mala cosa, ante esos miles de palestinos, tal vez millones de musulmanes y tantos millones de ciudadanos del mundo porque esos dirigentes que se reúnen en foros internacionales perderán toda credibilidad. Mal asunto para la seguridad mundial cuando ante la desesperación aparezcan más grupos violentos, ¿será inevitable o aún se está a tiempo?

La ONU impotente ante el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que impide cualquier resolución para frenar la catástrofe humanitaria en Gaza. La Unión Europea, inoperante, inactiva y desunida. Y algunos gobiernos como el de Estados Unidos, Alemania o Francia a seguir proporcionado armas a Israel.

Los que más fuerza tendrían para parar esta guerra en Gaza siguen con la opción militarista, como ha sucedido en Ucrania, donde la guerra también se podría haber evitado si se hubiera tenido un mínimo de prevención y negociación. Lo fácil es siempre echar la culpa al otro, en Gaza a Hamás y en Ucrania a Putín. Es posible que tengan una gran parte de responsabilidad en la violencia, pero no es exclusiva de ellos. Ni el conflicto de Gaza comenzó el 12 de octubre del pasado año con el ataque de Hamas, ni el de Ucrania lo hizo con la invasión rusa del oriente ucraniano en febrero de 2022.

Ambos acontecimientos fueron el detonante de dos guerras, pero las causas son más profundas y distantes en el tiempo. Y es ahí donde se tiene que incidir, en las causas, si se quiere prevenir que el conflicto derive en violencia armada.

Desesperante para los habitantes de Palestina, Ucrania y otros tantos lugares en guerra, en la que la única solución que se propone en seguir armando a los combatientes según el particular interés de cada potencia, y es que la guerra es también un gran negocio.

Javier Jiménez Olmos

18 de febrero de 2023

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