¡VIVA LA VIDA!

Una de las repercusiones peores de las guerras para las sociedades (especialmente las democráticamente avanzadas) es el crecimiento de las actitudes militaristas, entendiendo como militarismo aquella ideología basada en la resolución de los conflictos mediante el poder de las armas, es la creencia en que la guerra es inevitable, es decir, la continuación de la política mediante el poder militar.

El auge del militarismo, obedece a diversas causas y lo fomentan y propician determinados grupos sociales o políticos agresivos, patrocinados seguramente por intereses ligados a las industrias armamentísticas y de otro tipo (como las energéticas, logísticas o financieras) cuyos beneficios se basan en fomentar conflictos armados.

Las sociedades, incluso las más avanzadas, se ven arrolladas por una propaganda que trata de convencer sobre las bondades de las armas como solución a los conflictos. Se aprovechan de las gentes de buena voluntad que creen en la noble causa de la defensa contra la injusticia por la fuerza de las armas.

La invasión como la que Rusia lleva acabo en Ucrania, ha despertado la creencia en la necesidad de rearmarse como mejor método para defenderse de una agresión, como la que las fuerzas armadas del gobierno Putin contra Ucrania.

Hay un factor decisivo para la alimentación del militarismo que conduce al incremento de los gastos militares, y no es otro que el de la información que la ciudadanía recibe a diario, de una manera constante, sin tiempo para el análisis y la reflexión.

La mayoría de las personas no tienen la suficiente formación en materias relacionadas con conflictos exteriores, con guerras y, muchos menos, con asuntos militares. Cuando surge alguna de estas guerras, como la de Ucrania, los medios de comunicación dedican amplios espacios a cubrirlas, entonces los ciudadanos comienzan a interesarse.

Los impactos emocionales de imágenes de la crueldad de una guerra, conduce a una parte de la opinión pública a inclinarse por soluciones militaristas, avaladas por la opinión de “expertos” que las presentan como las más efectivas para acabar con la guerra.

En el caso de la guerra de Ucrania ya se apuesta por un incremento de los presupuestos de defensa en la mayoría de los países occidentales; la opinión pública absorbe y acepta como inevitable esta tesis de que a mayor gasto militar mayor seguridad.

Además, si alguna voz se alza contra esos incrementos de gastos militares puede ser descalificado y acusado de ponerse de parte del “Putin” de turno. Es una estrategia comunicativa muy empleada a lo largo de los tiempos: crear un pensamiento único e indiscutible. Correremos el riesgo y no desistiremos en invocar y fomentar la cultura de paz.

La agresión a Ucrania por parte de Rusia es la última gran vulneración de los derechos humanos y la legalidad internacional. Sin embargo, por desgracia algunos de los principales acusadores de Putin tienen muchas agresiones militares a sus espaldas (¿Vietnam, Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Yemen?)

De poco sirvieron las sucesivas ampliaciones de los gastos militares para evitar ciertas invasiones y guerras consiguientes, más bien esos aumentos han contribuido a iniciar esas guerras y desarrollarlas durante años. Porque detrás de esa carrera armamentística, de ese militarismo, hay unos grandes interese económicos.

Por eso, invitaría a reflexionar sobre la necesidad de aumentar los presupuestos militares. Propondría analizar que, caso de aprobar esos incrementos de defensa, qué partidas presupuestarias se verían disminuidas, o caso de no ser así cómo se iba a recaudar para cubrir los incrementos presupuestarios derivados del aumento de los gastos militares: ¿más impuestos?

Convendría que los líderes políticos responsables explicarán a los ciudadanos la conveniencia, desde el punto de vista de la consecución de la paz, del incremento de los gastos militares, así cómo se sufragarían dichos gastos.

Aprovechar las emociones naturales contra la injusticia para propagar ideas en favor de carreras armamentísticas no es lo más deseable para conseguir sociedades libres, democráticas, prosperas y con alto grado de seguridad humana. En la creencia de que la paz siempre merece la pena, convendría mayor debate, más explicación documentada y argumentada para no dejarse llevar por las emociones.

No sé si alguna causa merece una guerra. Tanta destrucción y muerte ¿para qué? ¿Quiénes se benefician de la masacre? La última de las guerras, la de Ucrania ¿no se podría haber evitado? Ya sé que la respuesta sería qué Putin no hubiera invadido Ucrania. No deja de ser cierto, pero es una respuesta muy simplificada a un conflicto que se arrastra desde hace décadas.

Por eso, me pregunto si no hubiera sido mejor no ampliar la OTAN, realizar un referéndum con evaluación internacional en las zonas pro-rusas de Ucrania, no haber tratado a Rusia como un socio más que como un enemigo, haber dejado a Europa llevar la iniciativa de paz (Estados Unidos cada vez que ha intentado solucionar un problema lo ha hecho por la vía militar, con las consecuencias que se han visto).

Ahora intentamos resolver esta guerra con una nueva escalada militarista qué propugna el incremento de los gastos militares y la ampliación de las alianzas defensivas. Países como Finlandia y Suecia parece que se suman a la estrategia de la defensa colectiva. Y aquí también tengo mis dudas.

Rusia con su supuesto poderío ha sido incapaz de imponer sus demandas por la fuerza de las armas en Ucrania. Lo cual nos lleva a pensar que de una manera interesada se sobrevalora ese poder militar ruso, así sirve de excusa para incrementar gastos militares y sumar más países a la otra OTAN. Y me sigo preguntando si con el poder militar occidental actual no es más que suficiente para contener la supuesta amenaza rusa.

Sin embargo, es claro que Rusia posee una fuerza nuclear inmensa, comparada con aquella que tienen los norteamericanos. Una vez más volvemos a los tiempos más oscuros de la guerra fría, donde la estrategia de la mutua destrucción asegurada, es decir, el empleo del arma atómica por norteamericanos y soviéticos podría conducir a una destrucción total de ambos bandos y de la vida en la Tierra tal y como la concebimos ahora.

Ante ese temor se pasó a la respuesta flexible, algo así como decir que solo voy a emplear lo necesario para responder al ataque del enemigo. Parece que ahora se quiere volver a ese juego macabro, es decir limitar una pelea como si de un deporte se tratara. 

Y una vez más, todo esto se podría evitar también, si definitivamente las sociedades civiles abogaran por una eliminación total de estas armas nucleares. Para ello hay que concienciar a la población mundial de la inutilidad y del terrible peligro que corre si ese armamento nuclear continúa almacenado y listo para ser empleado. 

No obstante, nos seguiremos encontrando el obstáculo de la propaganda del “realismo conservador” que predica la inevitabilidad de la guerra. Lo estamos viendo una vez más en el caso de Ucrania. Demasiados intereses disfrazados de nacionalismos y patriotismos trasnochados que solo causan la locura de la guerra. Por desgracia, morir en nombre de patrias y dioses sigue estando de moda. ¿Qué patrias y qué dioses?

La paz merece una reflexión sobre esa locura colectiva qué es la guerra, la paz merece intentar otros caminos. No se ha ofrecido otra solución que la de rearmar a los ucranianos, lo cual puede ser comprensible dada la magnitud de la agresión rusa. Sin embargo, no se han explorado otras posibilidades, otras propuestas que hubieran evitado la masacre actual.

Y es que todavía se sigue con la mentalidad del sacrificio y la muerte para defender las causas justas. Poco hemos evolucionado como especie. Se sigue prefiriendo sacrificarse y morir en nombre de patrias, banderas, naciones y religiones en vez de pensar que lo importante son las personas. Las personas, esas que sufren la violencia y la guerra. Por eso, me pregunto ¿por qué causa merece la pena morir?

¡Viva la vida!

Javier Jiménez Olmos

2 de mayo de 2022

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