Para analizar los conflictos de una manera lo más objetiva posible hay que adentrarse en sus raíces, averiguar sus causas y proponer soluciones, con objeto de alcanzar acuerdos satisfactorios a favor de los seres humanos y la naturaleza, casi siempre víctimas inocentes de las batallas económicas, políticas y militares que otros provocan.

Con relación a Venezuela se hacen declaraciones y toman decisiones que no se sabe muy bien que consecuencias pueden tener para la convivencia pacífica en ese país. La prudencia siempre es buena consejera a la hora de solucionar conflictos, sobre todo porque está en juego la seguridad y el bienestar de las personas que viven en Venezuela, que son lo más importante a salvaguardar.

Para intentar en comprender el conflicto venezolano se citan algunas consideraciones:

Legalidad. Habría que ser un experto en derecho constitucional venezolano para dar una opinión fundada el respecto. Si el lector interesado se adentra en las informaciones publicadas sobre la legalidad de la autoproclamación de Guaidó como Presidente de la República de Venezuela, se puede encontrar con argumentaciones a favor y en contra que, como en todos los asuntos legales, son complejas y llenas de matices. Las versiones encontradas se basan en la legitimidad de la elección de Maduro. Ese es el punto de partida inmediato de la actual crisis. Maduro es considerado usurpador por la oposición venezolana y por un buen número países.

Economía. Son datos objetivos los que muestran la dramática crisis económica por la que atraviesa Venezuela. Pero una vez más hay que investigar si esa crisis es solo consecuencia de un sistema político determinado o si es debida a la caída de los precios del petróleo, recurso decisivo para  la economía venezolana. Se debe considerar si el desabastecimiento de bienes de consumo se debe a la mala gestión de los gobernantes o las sanciones económicas a las que se ha sometido al país. O puede ser todo a la vez, pero para un análisis completo se deben considerar todas las opciones.

Actores externos. Fundamentalmente los Estados Unidos, ahora con Trump y antes con otros presidentes, han sometido al régimen chavista a unas presiones políticas y económicas para favorecer sus intereses, tal y como lo han hecho en América Latina tradicionalmente. Los gobiernos norteamericanos y sus más incondicionales seguidores siempre han sido intervencionistas con la excusa de favorecer la democracia, aunque no les ha importado sostener a dictadores cuando han servido a sus intereses. Por otra parte, Rusia y China apoyan a Maduro, porque a su vez tratan de obtener sus beneficios económicos y estratégicos en este conflicto, hecho que lo agrava con repercusiones a escala mundial.

Seguridad. También es un dato objetivo que Venezuela es uno de los lugares con mayores tasas de criminalidad en el mundo. Por desgracia son varios países latinoamericanos los que también acompañan a Venezuela en este desgraciado ranking. Habría que preguntarse también a qué se debe este hecho. La violencia directa es casi siempre consecuencia de la estructural y cultural. La desigualdad, la pobreza y la falta de libertades pueden conducir al conflicto violento.

Derechos humanos: Las organizaciones internacionales especializadas, han acusado al régimen que preside Maduro de no respetar los derechos humanos. Es una de las principales acusaciones que pesan sobre el discutido presidente venezolano. Sin que sirva de excusa ni consuelo, algunos dirigentes que condenan el régimen venezolano por vulnerar los derechos humanos no tienen escrúpulos a la hora de abrazarse con otros que también lo hacen.

Alcanzar un acuerdo para celebrar elecciones con todas las garantías democráticas tiene que ser el objetivo fundamental y prioritario para resolver el conflicto en Venezuela. La Unión Europea, con la iniciativa principal de España, ha propiciado esta vía. No obstante, el ultimátum de  ocho días anunciado por el Presidente del Gobierno de España ha provocado la reacción contraria, lo que cabía esperar por parte del régimen venezolano.

No hay que olvidar que para votar con libertad hay que “comer con libertad” y para eso se necesita que finalice inmediatamente cualquier sanción económica que impida la obtención de  alimentos y medicinas, y que al mismo tiempo se haga un gran programa de ayuda humanitaria. Es otra premisa que los líderes a favor de salidas pacíficas deberían plantear.

¿Qué sucederá si Maduro no convoca elecciones? Si no se convocan elecciones, y  la mayor parte de la comunidad internacional reconoce a Guaidó como presidente legítimo, es posible que el régimen de Maduro acentúe la represión sobre la oposición y que esta, a su vez, se manifieste con más virulencia. No se espera que Maduro y sus seguidores cedan en el corto plazo, por lo que la conflictividad irá en aumento, con  el peligro de una guerra civil que afecte toda la región, máxime si el presidente Trump decide intervenir militarmente como ha insinuado en repetidas ocasiones, y Rusia o China, a su vez, apoyan con ayuda militar a Maduro. La división en las fuerzas armadas venezolanas es desconocida y puede ser factor decisivo a la hora de un conflicto civil armado.

La pregunta anterior tiene respuestas inciertas e inquietantes. A pesar de todo, todavía se tiene la esperanza de que quienes son responsables para solucionar este conflicto sean capaces de llegar a acuerdos que no conduzcan a la violencia. Unos acuerdos para:

  • propiciar el diálogo y convocar elecciones con todas las garantías democráticas,
  • cancelar las sanciones económicas de modo que haya recursos financieros para comprar alimentos y medicinas,
  • proporcionar ayuda humanitaria de la manera más urgente posible.

Y todo a la vez, porque en otro caso será muy difícil crear un ambiente para una transición pacífica.

La Organización de Estados Americanos no parece ser el mediador oportuno por la alineación mayoritaria de sus componentes, con el liderazgo estadounidense, a favor de Guaidó. La posibilidad del diálogo para conseguir unas elecciones democráticas pasa por la mediación de México y Uruguay, que han manifestado su deseo de colaborar para ese fin, lo que no disgustaría a Maduro, según él mismo ha declarado. Si Guaidó aceptara esta propuesta, Maduro tendría que aceptar a su vez que la Unión Europea, con España a la cabeza, fuera parte principal en la supervisión del proceso electoral. Con esa premisa Maduro, Guaidó y sus respectivos seguidores se tendrían que comprometer a aceptar los resultados.

Los plazos son importantes para la celebración de elecciones, pero no se debe olvidar la gran tensión que se percibe en la sociedad venezolana. Toda opción de diálogo debe ser considerada antes de que sea demasiado tarde.

No podemos olvidar las lecciones de la historia, la más reciente de Siria como paradigma de lo que conflictos internos alentados desde el exterior pueden ocasionar.

Javier Jiménez Olmos

28 de enero de 2019

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