Seguirán matando, seguirán matándose, y nosotros seguiremos ignorantes o impasibles. Algunos, incluso apoyaran las matanzas. ¿Aceptaremos con fatalismo la inevitabilidad de la guerra? ¿Seguiremos con nuestras vidas y los retos diarios?

Tenemos la gran suerte de vivir en un lugar del mundo, España, donde disfrutamos de libertad y bienestar en un grado muy elevado. Un país donde la mayor parte de la población vive alejada de confrontaciones y discordias provocadas inútilmente por unos pocos radicales empeñados en emponzoñar la convivencia.

Conflictos menores y absurdos si los comparamos con la tremenda tragedia de la guerra. Discutiremos sobre amnistías, resultados electorales o entrega de medallas. Desde mi punto de vista, asuntos secundarios o irrelevantes para nuestra vida diaria. Es como preocuparse por un catarro si lo que tenemos es un tumor maligno.

Relativizar esos conflictos menores, resolverlos mediante el diálogo y el respeto. No incidir en la discusión dogmática e intransigente. Abordar los problemas con actitud compasiva.

Este martes en Aragón, concretamente en Zaragoza, la futura Jefa de Estado de España, doña Leonor de Borbón, recibirá las medallas de las Cortes de Aragón, de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza. Condecoraciones dentro del marco institucional aprobadas de acuerdo con los procedimientos legales vigentes.

Habrá quienes piense que son inmerecidas, quienes defiendan su concesión y también los que permanezcan ajenos. Todo es respetable, porque afortunadamente gozamos de una democracia donde prevalece la libertad de opinión y expresión.

Mi reflexión va por el respeto a esa libertad de expresión y a las instituciones, ambos respetos son indispensables para una convivencia pacífica.

Por eso, no comparto cuando determinados líderes, medios ded comunicación y ciudadanos emplean expresiones agresivas, excluyentes o insultantes contra instituciones del Estado o personas en general que han sido elegidas democráticamente o representan a esas instituciones (Recordemos que la Presidencia del Gobierno de España, es también una institución fundamental del Estado)

Por ejemplo, durante estos últimos meses hemos escuchado descalificaciones insultantes contra aquellos que han defendido las tesis de que el Gobierno de Israel está actuando desproporcionadamente y está cometiendo presuntamente genocidio y crímenes de guerra contra los palestinos según apreciaciones de la Corte Internacional de Justicia y del Tribunal Penal Internacional.  Han soportado calificativos como los de antisemitas o defensores de grupos terroristas, como poco.

El Presidente del Gobierno de España, segunda institución del Estado, después de la Corona, ha sido insultado por proponer el reconocimiento del Estado palestino y por acusar al Gobierno de Israel de actuar desproporcionadamente en Gaza y Cisjordania.

La descalificación y el insulto han sido la respuesta a las propuestas de paz.

Defender la paz también tiene un precio, al parecer. Por eso me atrevo a defender la paz a través del respeto y la concordia (de la que tanto se habla ahora) Y a defenderla en asuntos tan poco belicistas como la concesión de unas medallas a la heredera del trono español.

Un momento para que nadie se apropie de los símbolos nacionales, para que ningún grupo político se atribuya la exclusividad de los sentimientos y las instituciones constitucionales, como es el caso de la monarquía, la bandera o la democracia y la libertad. Para que nadie acuse a quien piensa diferente de antipatriota, traidor o simpatizante de terroristas.

La concesión de esas medallas en Aragón a la futura Jefa de Estado, es la expresión de respeto a la Institución de la Jefatura del Estado de un país libre y democrático. Se acepta del mismo modo que se aceptaron símbolos que no eran los suyos por una parte de la sociedad española durante el periodo de la transición de la dictadura a la democracia, en la Constitución de 1978. Una gran lección de concordia, respeto y democracia.

Quiero vivir en un país sin estridencias, donde podamos debatir con argumentos y educación. Donde busquemos nuestra paz y la de los lugares donde la guerra perdura.

En el mundo tenemos varias guerras sangrientas en curso, unas muy cercanas como la de Ucrania y Palestina, otras más lejanas y olvidadas como Yemen o Sudán. Vivimos un momento de la humanidad en el que afloran movimientos extremistas reaccionarios con líderes, cuyos discursos y actuaciones están llenos de violencia verbal y simbólica.

No quiero contribuir a esa continua polarización y prefiero emplear mis esfuerzos intelectuales en trabajar para la paz. Por eso, respeto las decisiones tomadas de acuerdo con la legalidad vigente y los derechos humanos, como es la concesión de las mencionadas condecoraciones a la heredera del trono de España de acuerdo con su régimen constitucional.

En democracia, podemos disentir, podemos proponer soluciones diferentes, pero para eso están las urnas que son las que a la postre definen el camino. Nunca el insulto, nunca el desprestigio de las instituciones.

Las democracias occidentales mejor evaluadas se sostienen gracias al respeto a las instituciones y de las instituciones a la democracia.

Como se puede observar en el enlace, entre los países con mayor índice de democracia hay repúblicas y monarquías parlamentarias, como la española.

Javier Jiménez Olmos

19 de mayo de 2024

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