
Abu Mohammed al-Julani, comandante de Hayat Tahrir al-Sham (HTS)
La caída de régimen de Al-Assad plantea incertidumbres, algunas inquietantes. No tenemos informaciones precisas de quienes son los rebeldes que han dinamitado al gobierno de Basar al Assad, parece que el grupo principal que lo lidera no tiene un pasado muy pacífico ni mucho menos democrático.
Ese liderazgo lo ostenta el grupo Hayat Tahrir al Sham (HTS en lo sucesivo) que tiene sus raíces en Al Qaeda. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas lo considera un grupo terrorista, como también lo denominan así la Unión Europea y Turquía.
HTS se fundó en 2011 con el nombre de Jabhat al-Nusra, cuando se afilió a Al Qaeda. El que fue líder del autodenominado Estado Islámico (EI), Abu Bakar al-Baghdadi estuvo entre los que participó en la formación de al-Nusra.
La ideología de HTS era claramente yihadista. Sin embargo, desde 2016, el comandante del grupo Abu Mohammed al-Jaulani ha procurado distanciarse en sus comunicados del radicalismo yihadista y argumentar que su lucha es exclisivamente para derrocar el régimen de Al-Assad
En 2016, el líder del grupo, Abu Mohamed al-Julani, se separó de Al Qaeda y disolvió al-Nusra, para crear Hayat Tahrir al-Sham y aliarse con otros grupos similares al año siguiente.
Con estos antecedentes, y a la espera de posteriores acontecimientos, se presentan muchas dudas acerca del futuro democrático de Siria.
Rememorando caídas violentas de algunos regímenes políticos y dictadores en Oriente Medio, se incrementa la preocupación por el futuro.
¿Qué sucedió al acabar con Sadam Hussein en Irak? o ¿en Libia después de eliminar a Gadafi? ¿Fue a mejor la situación? Es conveniente recordar que una consecuencia de la invasión de Irak fue la aparición del EI y el notable incremento de la inestabilidad y el terrorismo en la región.
Parecido caso el de Libia. Como consecuencia de la caída de Gadafi, ese país se convirtió en un Estado fallido, envuelto en una guerra civil, sin final aparente por el momento, además de la consiguiente desestabilización del Sahel, donde los grupos yihadistas han tomado la iniciativa.
También es una lección (¿no aprendida?) el apoyo a los muyahidines en Afganistán para luchar contra los soviéticos, que habían invadido ese país. Fue el germen de Al Qaeda y el campo abonado para los talibanes, cuyos gobiernos han sido totalmente vulneradores de los más elementales derechos humanos.
Tampoco conviene olvidar que tras el derrocamiento en Egipto de Mohamed Morsi, de los Hermanos Musulmanes, mediante el golpe de Estado del general Al Sissi, los egipcios no disfrutan de mayor democracia que anteriormente.
Los días después pueden ser tan peligrosos o más que los anteriores. Es posible que algunos se feliciten por la caída de un dictador, incluso que hayan apoyado a los rebeldes, pero ¿han evaluado las consecuencias para el pueblo, para las personas sirias? ¿podrá haber un futuro en paz, democrático y próspero para los sirios?
Al Assad ha perdido el apoyo de sus debilitados aliados Irán, Rusia y Hezbolá, que pierden también con la caída del dictador sirio. Ahora Israel y Estados Unidos tienen menos enemigos en la región. Aparentemente una buena noticia para ellos y sus aliados.
Pero, ¿será la solución para Siria, para el sufrido pueblo sirio?
Habrá que esperar a ver lo que sucede el día después de la caída del régimen de Basar al-Assad.
Javier Jiménez Olmos
8 de diciembre de 2024



Muchas gracias por las reflexiones y por la información que pones sobre la mesa.