Flores para las víctimas del atentado de Atocha el 11 de marzo de 2004

Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios[1].

Veinte años no son nada, pero pueden marcar toda una vida. Veinte años en el recuerdo, muy en particular de las víctimas y de sus familias. Víctimas de una violencia sin sentido, si es que hay alguna violencia con sentido.

Pretendo en este artículo, principalmente rendir homenaje a las víctimas del terrorismo, a sus familias y a todos aquellos que en silencio trabajan cada día por la seguridad de todos, para prevenir que no se cometan más atentados terroristas.

Para ello he hecho un pequeño resumen con fragmentos de mi libro Del choque a la alianza de civilizaciones (Icaria, 2012) y mi testimonio sobre el 11M, vivido fuera de España cuando estaba destinado en un centro de operaciones de la OTAN en Italia.

El terrorismo

El terrorista busca una reacción violenta de los estados para justificar la suya y para reclutar nuevos adeptos, cuando esa reacción violenta produce víctimas inocentes entre sus seguidores o simpatizantes.

El primer problema que aparece cuando queremos afrontar el fenómeno terrorista es el de su concepto y definición. Parece que cuando se pronuncia la palabra terrorismo todos creen estar hablando de una misma cosa. Se piensa que todo ser humano porta dicho concepto como si de algo natural e indiscutible se tratara. Los miembros de Hamás, Hezbolá u otros grupos yihadistas creen justa su causa y, por tanto, sus acciones violentas son una parte importante de su lucha por la causa que defienden. Ninguno de estos grupos se considera terrorista.

En cambio, estas mismas organizaciones consideradas terroristas acusan a los organismos internacionales y a los estados de ser a su vez los responsables de actos de terrorismo al amparo del poder que les garantiza la supremacía sobre los oprimidos. Para un palestino, Israel practica el terrorismo cada vez que mata a uno de sus compatriotas mediante un ataque selectivo. Para muchos musulmanes Estados Unidos es un Estado que ejerce su supremacía a base de procedimientos terroristas como bombardear poblaciones civiles.

La definición de terrorismo ha sido motivo de discusión tanto en el plano intelectual como en el político. No existe un acuerdo para definir esta actividad porque la definición siempre está sujeta a la lógica del que defiende determinados actos o a la del que los combate. No todo el mundo está de acuerdo con su definición, como tampoco lo está sobre la exclusividad de los que la utilizan.

La pobreza contribuye a la creación de un entorno favorable al desarrollo del terrorismo, pero no es en sí la única causa. Los factores económicos, políticos, culturales, históricos e ideológicos son condiciones estructurales que, en un momento dado, y con una conjunción de otros agentes desencadenantes (acontecimientos o circunstancias con un impacto más directo), pueden favorecer la emergencia y estrategias terroristas.

El terrorismo trata de extender el terror al mayor número posible de ciudadanos, elige víctimas inocentes y no acepta límites en su acción violenta. El terrorismo es antidemocrático porque no tiene en cuenta ni las urnas ni la opinión pública; es una herramienta, un arma psicológica para derribar; necesita de la propaganda para llegar al público su contenido ideológico, político, religioso o nacional.

El grupo de los fundamentalistas religiosos, es el de mayor actualidad, además del más numeroso y peligroso. El fundamentalismo religioso tiene unas causas más complejas que todas las anteriores porque en este concepto se engloban múltiples reivindicaciones, que pueden ser todas las mencionadas anteriormente, pero que tienen un factor integrador y poderosísimo para mover las conciencias humanas: la visión extremista de las religiones, su seguimiento fanático y literal, y su visión guerrera de Dios.

La religión, como mandato divino que conduce a la salvación, puede convertir la violencia en extrema hasta el punto de la propia inmolación.

Los ideólogos del terrorismo encontraron la causa para la yihad   en el conflicto árabe-israelí, los ataques americanos a Libia (1986), la invasión soviética de Afganistán (1979) y las guerras contra Irak (1991 y 2003)

El termino yihad literalmente, significa «lucha» o «esfuerzo»; para la doctrina islámica significa lucha por la causa de Alá, esfuerzo para propagar el islam en uno mismo, en la sociedad o en el mundo por cualquier medio; «guerra legal», «guerra santa» o «sagrada» contra los infieles prescrita por la shari’a.

La declaración de la Yihad (Guerra Santa) del Frente Islámico Mundial en 1998 establecía como fundamento de su discurso combativo tres hechos fundamentales: primero, que los Estados Unidos ocupaban durante más de siete años (desde la I Guerra del Golfo) la Tierra Santa del Islam desde donde continuaban agrediendo al pueblo iraquí; segundo, la enorme devastación infringida al pueblo iraquí «por la alianza de cruzados y sionistas»; y tercero, la finalidad de esa actividad militar contra los musulmanes es la de servir al Estado Judío. Por eso la FATUA Declaración de Yihad contra los judíos y cruzados del Frente Islámico Mundial del 23 de febrero de 1998. Exigía:

el precepto de matar a los americanos y a sus aliados ―civiles y militares― es un deber individual para que cada musulmán que pueda hacerlo, en cualquier país donde sea posible, con el fin de liberar la Mezquita de la-Aqsa y la mezquita santa (La Meca) de su poder, y para que sus ejércitos se marchen de todas las tierras del islam, vencidos e incapaces de amenazar a ningún musulmán.

El 11M (Madrid marzo 2024). Mi testimonio

El 10 de diciembre de 2003, el Jeque Yousef al-Ayiri (ya fallecido, entonces jefe de Al Qaeda en Arabia Saudí) manifestó:

[…] por ello decimos que, para forzar al gobierno español a retirarse de Irak, la resistencia debe proporcionar potentes golpes a sus fuerzas. Esto debe estar acompañado con una campaña de información declarando la verdad de los asuntos de Irak. Es necesario hacer el mayor uso de las próximas elecciones generales en España en marzo de 2004. Creemos que el gobierno español no toleraría más de dos golpes, máximo tres, después de los cuales tendría que retirarse debido a la presión popular. Si sus tropas aún permanecen en Irak después de estos atentados, entonces la victoria del partido Socialista es casi segura, y la retirada de las fuerzas españolas estará en su programa electoral.

El 13 de marzo de 2004, Abu Dujan al-Afghani, portavoz de Al Qaeda en Europa, asumía la autoría de los atentados del 11 de marzo en Madrid en un comunicado que decía:

Declaramos nuestra responsabilidad por lo ocurrido en Madrid hace exactamente dos años y medio después de los ataques sobre Nueva York y Washington. Es una respuesta por su colaboración con el criminal Bush y sus aliados.

Ese 11 de marzo de 2004 estaba destinado como miembro de las Fuerzas Aéreas Españolas en un centro de operaciones de la OTAN en Italia. A eso de las nueve de la mañana entró en mi despacho un oficial italiano para comunicarme que en España había habido un gran atentado terrorista. Mi primera reacción fue la de pensar en la banda terrorista ETA, que por entonces seguía muy activa.

Conforme pasaba la mañana en mi puesto de trabajo no se pensaba en otra cosa que en ese terrible atentado de Madrid. Las informaciones iban llegando, no solo las profesionales de los servicios de inteligencia sino también la de los medios de comunicación internacionales, todas coincidía en la posibilidad real de que fuera un atentado de corte yihadista, concretamente de alguna rama de Al Qaeda.

Por la noche, al llegar a casa conecté con la televisión española internacional y para mi sorpresa había una disonancia absoluta con las informaciones que hasta ese momento había recibido. En España, oficialmente se insistía en la autoría de ETA.

Esta disonancia informativa prosiguió hasta el mismo 14 M fecha de las elecciones legislativas. Sin embargo, a nivel informativo casi general fuera de España no se dudaba de la autoría yihadista.

Posiblemente, la política del gobierno de España en ese momento ocultó las informaciones de las que disponía para evitar un vuelco electoral, como así sucedió. Conviene recordar la gran oposición a la invasión de Irak por parte de la opinión pública española, incluso entre los electores conservadores.

Ciertamente, a la vista de los resultados de las elecciones del domingo 14 de marzo de 20024, el Gobierno del señor Aznar no gestionó adecuadamente la crisis de los atentados del 11M.

Javier Jiménez Olmos

9 de marzo de 2024


[1] Saramago, J., «El factor Dios», El País, 18 de septiembre de 2001. Disponible en: https://elpais.com/diario/2001/09/18/opinion/1000764007_850215.html?event_log=oklogin

(consultado el 09/03/2024)

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