
Para estudiar lo que sucede en Venezuela hay que hacerlo en clave no solo de política interna, sino económica y geopolítica. Mucho se debate sobre el régimen de Maduro, una de las excusas mayores para provocar su destitución es que su gobierno es dictatorial. A los defensores de esta consideración sobre Maduro no les falta razón, y no hay nada más que comprobar los informes de organizaciones que reportan anualmente sobre los derechos humanos en el mundo, como Amnistía Internacional, Human Right Watch o la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, para establecer sin lugar a dudas que Venezuela se encuentra en estos momentos de su historia regida por una dictadura.
Pero Venezuela es muy rica en petróleo, dispone de una enorme reserva, lo que supone aproximadamente una quinta parte de las mundial. Ahora produce el 0,8% de la producción mundial, mucho menos de lo que producía antes de que Maduro accediera al poder en 2013, y muchísimo menos de lo que producía en 1999, unos 3,5 millones de barriles. Tampoco es de los principales exportadores, debido a las sanciones y embargos a los que se le han sometido, sus ventas están muy por detrás de países como Arabia Saudí o Rusia.
Un cambio de régimen en Venezuela significaría que la mayor reserva probada de petróleo del mundo podría cambiar de propiedad y de gestión. El petróleo venezolano es del tipo pesado y ácido, que necesita de procesamiento especializado de alto nivel. Algunas multinacionales tienen capacidad tanto para extraerlo como para comercializarlo.
Estados Unidos dispone de crudo ligero y dulce, perfecto para producir gasolina, en cambio el de Venezuela, pesado y ácido, es fundamental para productos derivados del proceso de refinado, tales como el diésel, que escasea en todo el mundo debido a las sanciones impuestas a Venezuela.
Si desaparece el régimen de Maduro, el petróleo venezolano beneficiaría a Estados Unidos y sus aliados, y posiblemente, con una buena gestión, a la propia Venezuela, si se la liberan de embargos y sanciones. Actualmente, a pesar de los embargos, Venezuela vende petróleo, entre otros, a India y China. Si Venezuela aumentara su producción supondría una clara alternativa al petróleo ruso, lo que seguramente debilitaría la economía rusa y, por tanto, su capacidad para sostener guerras como la de Ucrania.
El intervencionismo norteamericano en Latinoamérica ha sido una constante histórica, propiciada por la Doctrina Monroe han considerado que esta parte del mundo está bajo su zona de dominación e influencia. Han sido numerosos las participaciones norteamericanas para propiciar golpes de estado, cambios de gobierno o intervenciones militares destinadas a favorecer gobiernos afines a sus intereses. Ahora Rusia y China apoyan a Maduro, por lo que cualquier conflicto armado en Venezuela podría tener consecuencias globales.
Venezuela atraviesa una crisis económica no solo debida a la mala gestión de sus dirigentes actuales. Para considerar todos los aspectos que condicionan la economía venezolana también hay que tener en cuenta tanto las oscilaciones a la baja de los precios del petróleo como las sanciones a las que se ve sometida. El hecho es que la economía venezolana ha descendido dramáticamente en los últimos años hasta límites insostenibles para el bienestar de la población. Por si fuera poco, el índice de criminalidad en Venezuela es de los más altos en el mundo, y cabría deducir si esa inseguridad ciudadana no es sino la consecuencia de la violencia estructural y cultural: desigualdad, pobreza, marginalidad, y falta de libertad conducen a la violencia física o directa.
Todavía existen fuerzas internas que apoyan el régimen de Maduro, las Fuerzas Armadas son las más importantes. El compromiso y comportamiento del ejército venezolano será clave para el futuro político de Venezuela. El presidente Chávez consideró que los militares eran fundamentales para consolidar su régimen. Su lema “patriotismo popular y anti-imperialista” definía la política nacionalista y anti norteamericana. Para ello, fue colocando a militares de alto rango afines a su ideología en puestos clave para la gobernabilidad del país. Así, con suculentos beneficios personales garantizaba lealtad y compromiso con su causa. Esos beneficios no se reparten equitativamente, lo que provoca descontento en los militares de rango intermedio y bajo. Para combatir a estos disidentes los servicios de inteligencia actúan implacablemente sobre ellos. Por tanto, para una posible transición a la democracia hay que facilitar la adaptación de los militares venezolanos en la medida que sea posible, sin causar traumas que puedan ocasionar actitudes reaccionarias antidemocráticas.
Estados Unidos, durante la primera presidencia de Donald Trump, fue muy hostil con el régimen de Maduro, hasta se llegó a plantear una posible invasión. Con Joe Biden se suavizaron las relaciones, aunque no se levantaron ni sanciones ni embargos. Ahora, el presidente Trump con la excusa de acabar con el narcotráfico ha preparado una operación militar para presumiblemente atacar Venezuela. No hay evidencia que el narcotráfico hacia Estados Unidos procedente de Venezuela sea el más voluminoso, incluso se puede considerar marginal. Sin entrar en valoraciones sobre el narcotráfico, lo que pretende Estados Unidos en Venezuela en simplemente ventaja económica y geopolítica. Lo del narcoterrorismo puede ser una excusa vendible para la opinión pública. El petróleo es clave, ya lo hemos señalado, como también es prioritario para Washington conseguir zonas de influencia que está perdiendo paulatinamente con el ascenso de gobiernos que contestan la autoridad norteamericana. El mapa actual de Latinoamérica está más enrojecido que azulado, cada vez China y Rusia son más influyentes, y esto es algo que Trump no quiere consentir. Acabar con Maduro significaría el principio del fin para otros seguidores venezolanos como Cuba o Nicaragua, a los que podría seguir Colombia o Brasil.
Las opciones para un cambio en Venezuela, podrían ser: un ataque militar, un golpe de estado o una transición democrática. Las dos primeras opciones conducirían a una desestabilización total de la región, posiblemente a una guerra civil por la resistencia armada de los defensores del actual régimen, que están armados y organizados, principalmente los miembros de las Fuerzas Armadas y seguramente a un gran baño de sangre con miles de víctimas inocentes. Por ello, frenar los impulsos depredadores de Mr. Trump se hace necesario y conveniente. El modelo de invasiones y ataques militares (Irak, Ucrania o Gaza) es inadmisible, inaceptable por la Comunidad Internacional.
Hay que alcanzar un acuerdo para celebrar unas elecciones democráticas con absoluta garantía de limpieza, con observadores internacionales acreditados. La acción exterior violenta solo puede conducir al caos. Senecesita una transición a la democracia usando el modelo español en la medida de lo posible. Para ello, todas las partes deben aceptar sacrificios.
(Artículo publicado en Heraldo de Aragón el 12 de diciembre de 2025)
Javier Jiménez Olmos
Doctor en Paz y Seguridad Interancional (UNED 2010)
Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza
Coronel retirado del Ejército del Aire y del Espacio


